Inicio / Restaurantes / Bodega de la Ardosa
Bodega de la Ardosa

Bodega de la Ardosa

Atrás
C. de Colón, 13, Centro, 28004 Madrid, España
Bar Bar de tapas Bodega Cervecería Restaurante Taberna
8.4 (21049 reseñas)

La Bodega de la Ardosa es uno de esos establecimientos que inevitablemente aparece en cualquier guía sobre bares históricos de Madrid. Ubicada en el número 13 de la Calle Colón, en el corazón del Centro, esta taberna centenaria abrió sus puertas en 1892, convirtiéndose en un punto de referencia para locales y visitantes que buscan experimentar la esencia más pura de la gastronomía madrileña. Con una valoración de 4,2 sobre más de 7.600 reseñas, el establecimiento ha logrado mantener su relevancia a pesar de las décadas transcurridas, aunque no sin cierta controversia entre sus comensales.

Lo primero que llama la atención al cruzar el umbral de la Bodega de la Ardosa es su atmósfera inconfundible. Las paredes forradas de madera, los espejos antiguos, los suelos hidráulicos originales y un ventilador de época transportan al visitante a otra era. No es casualidad que quienes la visitan hablen de retroceder en el tiempo. La decoración ha permanecido prácticamente intacta durante más de un siglo, conservando detalles auténticos como la barra de estaño y la azulejería tradicional que dan fe de su dilatada historia.

Una propuesta cervecera singular

Entre las particularidades que distinguen a esta bodega madrileña se encuentra su propuesta cervecera. La Ardosa presume de contar con el grifo de Guinness más antiguo de España, una tradición que se remonta a sus orígenes cuando las cervezas inglesas e irlandesas dominaban el panorama cervecero europeo. Esto significa que, a diferencia de otros bares de tapas tradicionales, aquí no encontrarás las típicas cañas de Mahou o Cruzcampo. En su lugar, sirven pintas de cerveza de importación, especialmente checas como la Pilsner Urquel, algo que ha generadoOpiniones encontradas entre quienes esperaban una cerveza más local.

La gastronomía que conquista y divide

La carta de la Bodega de la Ardosa gira en torno a las tapas y raciones tradicionales, con platos que han alcanzado estatus de leyenda en la ciudad. Su tortilla de patatas es, posiblemente, el plato más famoso del establecimiento. Considerada por muchos como una de las mejores de Madrid, se sirve en forma de generoso pincho, con patata blandita, cebolla y un punto de cocción que satisface tanto a quienes prefieren la tortilla poco hecha como a los seguidores de la versión más cuajada. Las croquetas caseras, especialmente las de jamón ibérico y cabrales, también reciben elogios constantes, al igual que las alcachofas a la plancha, el salmorejo, los callos madrileña y las gildas.

Sin embargo, no todo es perfección en el aspecto culinario. Algunos visitantes han señalado que ciertos platos no cumplieron sus expectativas, mencionando croquetas que no parecían lo suficientemente caseras, fabes con calamar sosas o preparaciones excesivamente aceitosas. La calidad, aunque generalmente buena, puede variar según el plato elegido y, presumiblemente, el momento de la visita.

El espacio: pequeño pero con secreto

Una de las mayores limitaciones de la Bodega de la Ardosa es su tamaño. El local principal es extremadamente reducido, con mesas altas donde se come de pie y una barra que se satura rápidamente. Esto ha llevado a numerosos comentarios sobre la necesidad de esperar para encontrar hueco, especialmente durante los fines de semana. No obstante, existe un detalle que pocos conocen: detrás de la barra hay una zona interior adicional a la que se accede pasando bajo la misma, un rincón que muchos definen como «secreto» y que ofrece algo más de comodidad para quienes buscan sentarse.

El establecimiento no acepta reservas, lo que añade un componente de incertidumbre a la visita. Quienes han compartido su experiencia recomiendan ir en horarios estratégicos: a partir de las 16:00 para comer o alrededor de las 19:30 para cenar, momentos en los que suele haber menos gente.

El servicio: entre la amabilidad y la aspereza

Las opiniones sobre el trato del personal resultan igualmente dispares. Mientras muchos visitantes destacan la simpatía y eficiencia de los camareros, especialmente mencionando a trabajadores como Genaro o Miguel, otros reclaman una actitud poco amable o directamente descortés. Varios reseñadores han narrado experiencias donde el personal mostró desinterés ante comentarios sobre la comida o respondió con brusquedad ante consultas de clientes. No obstante, es justo señalar que la mayoría de las opiniones son positivas en este aspecto, y que la plantilla trabaja bajo una presión considerable debido a la alta demanda.

Precios y relación calidad-precio

El nivel de precios de esta taberna histórica se sitúa en un punto medio según el mercado, aunque hay quienes consideran que ha subido con los años. Una pinta de cerveza, un vermú o un pincho de tortilla pueden suponer un gasto que algunos califican de «algo elevado», aunque la mayoría coincide en que la calidad de los platos justifica el desembolso. Es importante tener en cuenta que los precios están expuestos antes de pedir, por lo que no hay sorpresas desagradables al recibir la cuenta.

Horario y ubicación

La Bodega de la Ardosa abre sus puertas todos los días de 9:00 a 2:00 de la madrugada, ampliando hasta las 2:30 los viernes y sábados. Esto la convierte en una opción válida tanto para el desayuno, brunch o almuerzo como para una cena tardía o una ronda nocturna de cervezas y tapas. Su ubicación en la Calle Colón, muy cerca de Gran Vía y de los barrios de Chueca y Malasaña, la sitúa en una zona de paso obligatorio para quienes recorren el centro de Madrid.

Una experiencia para vivir al menos una vez

La Bodega de la Ardosa representa una ficha valiosa en el mosaico de la hostelería madrileña. No es un lugar perfecto ni pretende serlo: su espacio es limitado, el servicio puede fallar bajo presión y algunos platos decepcionan ocasionalmente. Pero su historia, su atmósfera castiza, su tortilla legendaria y su propuesta cervecera diferente la convierten en una parada recomendable para quien desee empaparse de la tradición gastronómica de la capital. Como señaló un visitante, es uno de esos sitios a los que hay que ir al menos una vez para entender por qué Madrid presume de sus bares centenarios. Eso sí, mejor no ir con prisa ni esperar la perfección absoluta: aquí se viene a disfrutar del ambiente, a picar algo rico y a brindar con una buena pinta de cerveza en un rincón que huele a historia.

Otros negocios que podrían interesarte

Ver Todos