Restaurante Casa Agustín
AtrásEl Restaurante Casa Agustín se ha consolidado como una de las referencias obligadas dentro del panorama gastronómico aragonés. Situado en la Calle de la Cadena número 20, en pleno Casco Antiguo de Zaragoza, este restaurante es el heredero directo de un negocio que durante años funcionó con notable éxito en la localidad turolense de Albalate del Arzobispo. Manteniendo la esencia y el recetario original, el equipo decidió trasladar la casa a la capital aragonesa sin perder un ápice de su identidad, lo que se refleja tanto en su propuesta culinaria como en la experiencia que ofrece al comensal.
Uno de los grandes atractivos de Casa Agustín es su cocina a la vista. Al cruzar la puerta, el cliente percibe de inmediato el aroma y el calor que emana de una parrilla de brasas auténtica, donde se elaboran carnes y pescados delante de los comensales. Este detalle escénico dota al lugar de una atmósfera particular, distinta a la de otros restaurantes más convencionales. La decoración combina lo moderno y lo minimalista, con un ambiente cuidado que invita a relajarse y disfrutar sin estridencias, ya sea en la zona de barra o en el comedor inferior, pensado para quienes buscan una experiencia más reposada. Los aseos se mantienen impecables, un detalle que habla del nivel de exigencia del establecimiento.
El plato estrella, por el que muchos clientes cruzan la ciudad o incluso viajan desde otras provincias, es la oreja de cerdo. Crujiente por fuera, tierna y jugosa por dentro, con un punto de fritura exacto que la convierte en una experiencia memorable. Para quienes dudan, el propio personal suele desaconsejar pedir ración completa si no se tiene un apetito generoso, ya que una media ración puede ser suficiente para dos personas. Otros preparados imprescindibles son las manitas de cerdo con cigalas, la croqueta de cocido, la croqueta de ternasco, las empanadillas de carne ligeramente picante y la empanadilla de morcilla con queso de cabra, todas ellas habituales en la barra de tapas.
En lo que respecta a las carnes a la brasa, el acierto es prácticamente unánime. El chuletón de vaca madurado, el solomillo de cerdo a la brasa, las codornices y el entrecot destacan por su punto de cocción y por la calidad del producto. Los pescados también gozan de gran reconocimiento: rodaballo, dorada, lubina y merluza preparados a la brasa forman parte habitual de la oferta. El marisco es otro punto fuerte, con berberechos frescos, almejas, navajas, zamburiñas, centollo, mejillones al tomate y pulpo como referencias ineludibles. Los chipirones a la plancha, limpios y tiernos, merecen una mención aparte entre las opciones del menú.
Para los amantes de la cuchara, las judías blancas son un clásico que conquista a primera cucharada, igual que la pecha de puchero, ideal para los días fríos. Entre los postres destacan la tarta de queso casera, el flan casero, el sorbete de pera y el helado con caramelo y piñones. La carta de vinos apuesta con fuerza por las denominaciones aragonesas, con garnachas de Calatayud, Cariñena, Somontano y otras referencias foráneas, lo que facilita encontrar un buen acompañante. El menú del día entre semana, con una relación calidad-precio difícil de igualar, es una opción interesante para quienes buscan comer bien sin gastar de más. El precio medio por persona suele moverse entre los 25 y 45 euros, dependiendo de si se opta por unas tapas en el bar, un menú o pedir a la carta. El servicio de comida para llevar también está disponible para quienes prefieran disfrutar de la cocina en casa.
El servicio es uno de los pilares del local. El propietario, Antonio, conocido también como Toñin por su labor en las brasas, suele preocuparse en persona por el bienestar de cada mesa, compartiendo con los clientes datos curiosos sobre la historia del restaurante, lo que aporta un trato cercano y familiar. Camareros como Andrea, Sara, José Luis o David reciben elogios constantes por su amabilidad, su profesionalidad y su atención al detalle. En jornadas especialmente concurridas, el equipo joven de la barra demuestra una capacidad de respuesta notable. Para quienes busquen un restaurante para celebraciones familiares o de empresa, el comedor inferior funciona razonablemente bien, aunque conviene saber que no cuenta con ascensor, lo que puede ser un inconveniente para personas con movilidad reducida o familias con carritos de bebé.
No todo es positivo, y conviene apuntarlo con honestidad. Algunos clientes han señalado problemas de coordinación en el servicio, especialmente en horas punta, cuando los tiempos de espera entre plato y plato se dilatan o cuando se olvidan comandas. El espacio de la barra, muy concurrido, puede resultar estrecho y algo claustrofóbico cuando el bar está a reventar; moverse entre las mesas altas puede convertirse en una odisea. La extracción de humos de la parrilla no siempre es suficiente, por lo que en jornadas de gran demanda el olor y el humo pueden resultar molestos para quienes ocupan las mesas cercanas. Quienes decidan pedir un chuletón deben saber que suelen servirse con hornillo en mesa para terminar la cocción al gusto, lo que también contribuye a la carga de humo.
En cuanto a la relación calidad-precio, las opiniones están divididas. Si bien la mayoría percibe una justa correspondencia entre lo que se paga y lo que se recibe, existen comentarios de clientes que consideran que los precios se han elevado tras el traslado desde Albalate, especialmente en ciertas raciones y en el menú degustación. También se han reportado discrepancias en la cuenta, como cargos de productos no solicitados o importes ligeramente superiores a los de la carta, por lo que es recomendable revisar el ticket antes de abonar. Algunas preparaciones, como el conejo, el bacalao o determinados postres, no siempre alcanzan el nivel esperado. La tarta de queso, por ejemplo, recibe críticas encontradas: mientras unos la califican de excelente, otros la describen como regular o demasiado seca.
Otro punto a tener en cuenta es la accesibilidad. Reservar resulta casi imprescindible en fines de semana y festivos, ya que el local suele colgar el cartel de completo. Para ello, es más efectivo utilizar WhatsApp que llamar por teléfono, ya que en ocasiones la línea no se contesta. Los usuarios también valoran que el parking en la zona del Casco Antiguo puede ser complicado, especialmente en horas centrales. Aun así, la mayoría coincide en que la experiencia global compensa los inconvenientes y en que volverían, ya sea a la barra para unas tapas y un vermú, o al comedor para una cena en condiciones.
En definitiva, Casa Agustín es un restaurante de comida tradicional aragonesa y producto de temporada, con una seña de identidad muy marcada: la brasa y, sobre todo, la oreja frita. Quienes busquen un bar o una cafetería con alma y carácter deben saber que aquí encontrarán una experiencia que va más allá de lo convencional. Para los amantes del tapeo, de la carne bien hecha y del pescado fresco, el local se sitúa en el podio de restaurantes en Zaragoza. Quienes, por el contrario, busquen un servicio impecable y sin altibajos, deberían visitarlo en días de menor demanda, cuando el ritmo lo permite. La carta, la bodega y la atención se encargan del resto.