Restaurante Alberca
AtrásEl Restaurante Alberca se ha consolidado como una de las referencias obligadas dentro del circuito gastronómico extremeño, ubicado en pleno casco antiguo de Trujillo, en la calle Victoria número 8. Dirigido por el joven chef Mario Clemente, también trujillano, este establecimiento ha sabido reinterpretar la cocina tradicional de Extremadura desde una óptica contemporánea, con el fuego y la brasa como grandes protagonistas. Su inclusión en la Guía Michelin y la obtención de un Sol Repsol lo sitúan como un destino de primer nivel para quienes buscan algo más que una simple comida.
La propuesta del Restaurante Alberca gira en torno a tres menús degustación bautizados como Ceniza, Humo y Brasas, cada uno con identidad propia y un número variable de pases. Los precios oscilan entre los 45 euros del menú más accesible hasta los 80 euros del más completo, con la opción de maridaje por alrededor de 18 euros. Esta estructura permite probar la cocina de Mario Clemente sin necesidad de recurrir a la carta, aunque quienes prefieran elegir plato a plato también encuentran opciones solventes.
Los platos imprescindibles
Hay un nombre que se repite con admiración en casi todas las opiniones de los comensales: las croquetas de rabo de toro. Muchos las definen como las mejores que han probado nunca, con una bechamel fina que se deshace en el paladar y un sabor intenso y profundo. Junto a ellas, las llamadas «Migas de Tere» se han convertido en otro emblema de la casa, una versión actualizada de la receta extremeña clásica que sorprende incluso a los más escépticos.
La cocina al fuego es la verdadera seña de identidad. El entrecot de vaca extremeña, la carrillera de retinto (que literalmente se funde en boca), la costilla ibérica con carabinero, la panceta ibérica a baja temperatura y la yema a la brasa son algunos de los platos que más elogios reciben. En el apartado de pescados, el bacalao y el atún rojo suelen destacar por su punto de cocción y la armonía con sus acompañamientos. Los espárragos con pesto, la esferificación de aceituna negra cacereña o el confit de pato con salsa de frambuesa y foie ahumado muestran la capacidad del equipo para elevar productos locales con técnicas actuales.
Para terminar, dos clásicos infalibles: la torrija a la brasa y la singular tarta de queso titulada «Ups, se me ha caído la tarta de queso«, una creación que ya se ha ganado un hueco en la memoria de quienes repiten visita. El flan de leche de cabra con texturas de aceite de oliva virgen extra es otro de los postres más recordados, junto con las perrunillas caseras y los petit fours que despiden la comida.
Ambiente y ubicación
El local se distribuye en varias estancias de tamaño reducido, con una decoración minimalista y cuidada, techos abovedados en algunas zonas y un mobiliario en tonos neutros que invita a la conversación. La capacidad es limitada, con apenas cinco o seis mesas por planta, lo que obliga a reservar con antelación, especialmente los fines de semana. Durante los meses cálidos, la terraza abre sus puertas y permite disfrutar de la velada al aire libre con vistas privilegiadas al entorno histórico de Trujillo.
El horario de servicio se concentra en dos pases: comida de 13:30 a 15:30 y cena de 20:30 a 22:30, permaneciendo cerrado los martes y miércoles. Esta apertura limitada, junto con la reducida capacidad, explica por qué es tan complicado conseguir mesa sin planificación previa. El teléfono de reservas es el 927 32 22 09.
Servicio y atención al cliente
El equipo de sala, coordinado por figuras como Dani, recibe elogios casi unánimes por su amabilidad, profesionalidad y capacidad para explicar cada plato al detalle. Los camareros describen con mimo las elaboraciones, su composición y la inspiración detrás de cada pase, lo que convierte la experiencia en algo didáctico además de gastronómico. Especial mención merece la adaptación a alergias e intolerancias: celíacos, personas con intolerancia a la lactosa o al gluten encuentran un servicio personalizado que modifica los platos sin que pierdan esencia.
No obstante, también hay margen de mejora. Algunos comensales han señalado ciertos desajustes: demoras en la salida de los platos, despistes con el pan (ofrecido a mitad del menú en alguna ocasión), falta de ofrecimiento de café o infusión al finalizar, olvidos en el servicio de agua o vino, y camareros con poca experiencia que no siempre identifican correctamente las comandas. Tampoco es raro que, en momentos de máxima ocupación, se tarde en retirar platos o en ofrecer el siguiente pase. Son detalles que, en un restaurante de esta categoría y nivel gastronómico, penalizan la experiencia global.
La bodega y el maridaje
La carta de vinos apuesta decididamente por referencias extremeñas, con etiquetas de la tierra como Habla el Silencio, Gracil o Tabula que maridan a la perfección con los matices ahumados de la cocina. Sin embargo, algunos clientes consideran que los precios son algo elevados en comparación con el valor del producto en tienda, y han surgido quejas puntuales por la temperatura del blanco (servido caliente en alguna ocasión) o por la falta de alternativas cuando se agota una botella concreta. La opción de maridaje_guidado por el sumiller resulta altamente recomendable para aprovechar al máximo la experiencia.
Lo mejor y lo mejorable
A favor juegan la calidad del producto extremeño, la creatividad del chef, la excelente relación calidad-precio para un restaurante con estas distinciones, la terraza, la profesionalidad general del servicio, la adaptación a necesidades dietéticas y la cuidada presentación de cada plato. El ambiente acogedor y la posibilidad de elegir entre menú o carta según las preferencias también suman puntos.
En el debe quedan la irregularidad puntual de ciertos pases (algunos comensales mencionan migas, bacalao o postres por debajo del nivel general), las esperas entre plato y plato en horas punta, el precio de la bodega, los despistes del servicio en momentos de saturación y la dificultad real de conseguir mesa sin reservar con días o incluso semanas de antelación. Quienes viajen con bebés o niños pequeños deben saber que disponen de tronas, aunque el espacio es justo.
¿Merece la pena la visita?
Si buscas restaurantes en Trujillo donde la cocina extremeña se trabaje con mimo y técnica actual, el Alberca es probablemente la apuesta más sólida de la ciudad, y muchos lo definen como el mejor restaurante de la zona. La experiencia se acerca a la de un restaurante con estrella Michelin sin alcanzar sus precios desorbitados, algo que los propios clientes agradecen y destacan.
No es el lugar adecuado si lo que necesitas es una comida rápida o una comida para llevar, ya que la filosofía es diametralmente opuesta: cenas largas, de casi tres horas, pensadas para disfrutar sin prisa. Tampoco sustituye a las cafeterías de paso ni a los bares de tapeo del centro, pero quien decide sentarse a su mesa difícilmente olvida el viaje. Si pasas por Trujillo y quieres entender por qué la gastronomía extremeña está de moda, pide mesa con tiempo y deja que Mario Clemente y su equipo te cuenten Extremadura a través de su cocina.