Kuoco

Kuoco

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C. del Barquillo, 30, Centro, 28004 Madrid, España
Restaurante
9.4 (5579 reseñas)

En la Calle del Barquillo número 30, en pleno corazón del barrio de las Salesas de Madrid, se encuentra Kuoco, un restaurante que ha sabido consolidarse como una de las propuestas más singulares de la restauración madrileña contemporánea. Detrás de este proyecto están el chef Rafa Bergamo y el propietario Andrés, una dupla que ha conseguido levantar un espacio donde la cocina fusión de raíz peruana, japonesa, mexicana y española se da la mano con una coctelería de autor y una bodega que quita el hipo. Para quienes buscan un restaurante en Madrid centro donde la experiencia vaya mucho más allá de lo convencional, Kuoco es parada obligada.

El local abre sus puertas de martes a sábado en dos turnos bien marcados: comida de 13:30 a 16:00 y cena de 20:30 a 24:00. Los domingos y lunes permanece cerrado, una decisión que habla del ritmo pausado que el equipo quiere mantener en su operativa. El espacio responde a una estética contemporánea minimalista con guiños industriales y una paleta de colores acromáticos que muchos visitantes describen como cuidada y elegante. Eso sí, conviene tener presente que la acústica no es su punto fuerte: en horarios de máxima ocupación cuesta escuchar las explicaciones del servicio, algo que se repite en varios comentarios de comensales y que el propio equipo debería revisar.

La propuesta gastronómica de Kuoco

La seña de identidad de este restaurante de cocina de autor es su menú degustación Attraverso, un recorrido de alrededor de 12 pases que se reinventa con frecuencia y que viaja desde el Caribe hasta Japón pasando por México, España, China y Perú. El precio ronda los 100-108 euros sin bebidas y se puede complementar con un maridaje de vinos cuidadosamente seleccionado. Para quienes prefieran elegir, existe también una carta con platos para compartir y opciones individuales, aunque las reservas online parecen limitar las opciones, un detalle que ha generado alguna queja entre los usuarios.

Entre los platos más celebrados por los comensales figuran la croqueta de pato Pekín, una reinvención del clásico pato lacado con un interior cremoso que se ha convertido en emblema de la casa. El ceviche, preparado con técnica impecable y combinaciones de sabor y textura muy bien hiladas, es otro de los recurrentes en las recomendaciones, junto con la ostra con salsa ponzu, el gunkan de yema y caviar, las gyozas de pato y el rape lacado, este último considerado por varios visitantes como un punto de cocción casi perfecto. El pato a la naranja, el taco de kingfish y la tostada de atún también aparecen con frecuencia en los comentarios elogiosos, así como un fuera de carta conocido como siete potencias, una suerte de ceviche de raíz venezolana que ha conquistado a quien lo prueba.

Los postres merecen capítulo aparte. La Torta di Rose y el Thai Smile son los dos nombres propios que más se repiten en las reseñas, ambos descritos como memorables y nada empalagosos. El algodón de lychee con frambuesa y el maíz con avellana y toffee también dejan huella. Hay quien echa en falta algo más de equilibrio entre las cantidades y los precios en este apartado, sobre todo cuando se compara con el nivel de los pases salados.

Coctelería y bodega a la altura

Otro de los grandes atractivos de Kuoco es su apuesta por la coctelería de autor. El Kuoco Fashioned, un twist sobre el clásico Old Fashioned con base de whisky, y el pisco de ají amarillo son dos de las creaciones más aplaudidas, pero la carta líquida ofrece un abanico amplio donde los sabores se personalizan al gusto del cliente, algo especialmente valorado por quienes se dejan llevar por el barman. La bodega tampoco se queda atrás: una selección extensa de referencias con representación de distintas denominaciones y precios competitivos, además de la posibilidad de pedir vinos por copas perfectamente elegidos para acompañar cada pase. El sumiller Alfredo recibe menciones constantes por su acierto en las recomendaciones y su cercanía.

Servicio y hospitalidad

El equipo de sala es uno de los activos más reconocibles de este restaurante. Camareros como Daniel, Isra, Valeria o Guillermo son citados por su profesionalidad, su capacidad de explicar cada plato y su atención personalizada. Andrés, uno de los propietarios, se implica personalmente y no es raro que reciba a los comensales, muestre el local o invite a un detalle, gestos que muchos agradecen y que convierten una cena en un recuerdo. Hay incluso sorpresas inesperadas como tartas de cumpleaños no solicitadas que alegran la velada.

Ahora bien, no todo es perfecto. Algunos visitantes han señalado tiempos de espera largos entre plato y plato (en ocasiones superiores a 20 minutos), camareros poco formados en momentos puntuales o la sensación de que el servicio no siempre alcanza el listón que sugiere su nivel gastronómico. La gestión de incidencias, como la negativa inicial a servir café tras una cena de casi 600 euros para cuatro personas, ha dejado alguna espina clavada. También se han reportado pequeños desajustes en el ritmo del menú degustación y en la temperatura de ciertos platos a su llegada a mesa.

Lo que se debe saber antes de reservar

  • Reservas: se pueden gestionar a través de la web oficial (kuoco.es) o por teléfono en el 911 99 53 77, aunque la plataforma online tiene limitaciones a la hora de combinar menú degustación con platos a la carta.
  • Modalidad de comida: servicio en mesa y barra. Las plazas en barra, a veces la única opción disponible para comensales solos, están situadas frente a la zona de almacenaje, lo que resta algo de encanto.
  • Tipo de cocina: fusión de autor con productos de temporada y mucha técnica.
  • Adaptaciones: el equipo se adapta sin problemas a alergias e intolerancias, como el gluten, manteniendo la calidad del menú.
  • Ubicación: Calle del Barquillo 30, barrio Centro, cerca de la plaza de las Salesas y a un paso de la Gran Vía.

¿Vale la pena Kuoco?

Para los amantes de la gastronomía de fusión en Madrid, Kuoco es una apuesta segura. La cocina de Rafa Bergamo destaca por su creatividad, el cuidado del producto y la influencia viajera que recorre cada plato. La coctelería y la bodega están a la altura, y el equipo aporta esa calidez que distingue a un buen restaurante de uno simplemente correcto. Los precios son elevados, propios de un restaurante gastronómico de este nivel, y conviene tomárselo como lo que es: una experiencia, no una cena rápida. Quienes busquen comida para llevar o algo desenfadado, deben buscar otro tipo de propuesta, ya que aquí todo gira en torno al ritual del menú.

Si te interesa la alta cocina con identidad propia, el menú degustación de Kuoco merece una visita, idealmente reservando con tiempo y pidiendo consejo al servicio sobre los vinos. Pequeños desajustes en tiempos y acústica no empañan el conjunto: la experiencia sigue siendo de las más recomendables de la restauración madrileña actual.

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