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Restaurante La Quinta del Pardo

Restaurante La Quinta del Pardo

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Ctra. de Somontes a, Carr. Somontes al Palacio de la Real Quinta, km 2, Fuencarral-El Pardo, 28048 Madrid, España
Bar Restaurante Restaurante mediterráneo
7 (6115 reseñas)

El Restaurante La Quinta del Pardo se alza como una de esas propuestas gastronómicas con carácter propio en pleno Monte de El Pardo, una zona privilegiada de Madrid donde la naturaleza marca el ritmo de la experiencia. Catalogado como bar restaurante de campo, este establecimiento ofrece una cocina tradicional española con base casera, una amplia terraza bajo encinas centenarias y un salón interior con chimenea que se convierte en refugio durante los meses fríos.

Situado en la Carretera de Somontes al Palacio de la Real Quinta, km 2, en el distrito de Fuencarral-El Pardo, el local cuenta con un amplio parking gratuito en una zona contigua no asfaltada, rodeada de pinos que proporcionan sombra natural. Este detalle, sumado a que admite mascotas tanto en la terraza como en los jardines cercanos, lo convierte en un destino habitual para paseantes, familias y propietarios de perros que buscan un respiro verde a pocos minutos del centro de la capital.

Una cocina casera con identidad propia

La propuesta culinaria de La Quinta del Pardo se apoya en los platos clásicos de la comida casera española, con materias primas de mercado y una elaboración honesta. Entre sus especialidades más solicitadas destacan el conejo al ajillo, las chuletillas de cordero lechal, el pollo al ajillo, la morcilla de Burgos, las croquetas artesanales, la ensaladilla rusa, los caracoles, el gamo estofado y los pimientos del piquillo rellenos. En el apartado de pescados sobresalen la lubina y los calamares, mientras que entre las carnes triunfan el churrasco, el entrecot y el chuletón.

Para quienes prefieren una opción más ligera, el menú del día —disponible entre semana— ofrece una alternativa con primero, segundo, bebida y postre a un precio que ronda los 20-22 euros, una cifra competitiva considerando la ubicación del local. Los fines de semana el precio se incrementa y la oferta se amplía con menús especiales para grupos y celebraciones. También se puede comer a la carta mediante raciones pensadas para compartir, ideales para tapear en la terraza en compañía.

Los postres caseros ponen el broche a la visita: milhojas de nata, tarta de queso, tarta de Santiago, tarta al whisky, manzana asada o una sencillísima cuajada. Para los amantes del queso, el establecimiento ofrece una selección procedente de Toledo que se ha ganado un público fiel.

Ambientes para cada momento del año

Uno de los grandes atractivos del restaurante es la posibilidad de elegir entre dos ambientes muy diferenciados. La terraza, amplia y soleada, se llena en primavera y verano con comensales que buscan la sombra de las encinas y los gorriones como banda sonora. Es el escenario perfecto para comidas familiares, reuniones de amigos o simplemente para hacer una pausa durante una ruta por el Monte de El Pardo. No se admiten reservas en esta zona, por lo que conviene acudir con tiempo, especialmente los fines de semana.

En invierno, el salón interior con chimenea central adquiere todo el protagonismo. Aunque la calefacción resulta insuficiente para calentar todo el local —un punto débil señalado por algunos visitantes— el ambiente acogedor y el olor a leña crean una atmósfera muy singular. Eso sí, conviene evitar el horario de máxima afluencia los sábados y domingos, cuando el servicio puede resentirse por la acumulación de mesas.

Aspectos a tener en cuenta antes de la visita

Aunque el enclave y la cocina cuentan con una base sólida de clientes satisfechos, la experiencia puede variar en función del día y del personal asignado. Algunos comensales han destacado la profesionalidad y simpatía de camareros como David, Daniela, Gabriela, Andrés, Santiago o Nacho, que se esfuerzan por ofrecer un trato cercano y eficaz. Otros, en cambio, han señalado episodios puntuales de desatenciones, esperas largas o falta de organización en horas punta, achacables a una plantilla que, en temporada alta, parece quedarse corta.

El estado del mobiliario exterior es otro punto recurrente en las opiniones: las sillas y mesas de la terraza se perciben antiguas y, en algunos casos, deterioradas por el paso del tiempo y la exposición al clima. Una renovación en este apartado mejoraría notablemente la imagen del lugar. También se han reportado problemas con las avispas durante los meses cálidos, algo habitual en entornos campestres y que el personal intenta mitigar con sistemas de humo.

En lo que respecta a los precios, hay disparidad de opiniones. Mientras que las raciones y el menú se consideran razonables, las bebidas —especialmente la cerveza y el vino— se perciben algo elevadas, con cañas que rondan los 3,50 euros y copas de vino que pueden alcanzar los 4 euros. La cuenta se realiza a mano sobre el mantel de papel en muchos casos, una práctica tradicional que algunos clientes valoran y otros consideran fuera de lugar.

Ideal para celebraciones y encuentros

La Quinta del Pardo es un escenario recurrente para cumpleaños, aniversarios y comidas de empresa. Su capacidad para absorber grupos numerosos —se han registrado celebraciones de más de 60 comensales— y la flexibilidad del servicio a la hora de adaptar menús lo convierten en una opción fiable para eventos familiares. Tras la comida, los jardines del Palacio de la Quinta, accesibles caminando, ofrecen la oportunidad de alargar la jornada con un paseo cultural por la historia.

Información práctica

El restaurante abre de martes a domingo en horario continuado de 12:30 a 23:00 horas, y permanece cerrado los lunes. Dispone de acceso adaptado para personas con movilidad reducida, acepta pagos con tarjeta y ofrece la posibilidad de encargar comida para llevar. Para reservas en el interior, es recomendable contactar en el teléfono 624 19 46 17 o a través de su página web quintadelpardo.es.

Si buscas un restaurante en El Pardo donde desconectar del bullicio urbano sin renunciar a una buena comida tradicional, rodeado de encinas y con opciones tanto formales como informales, La Quinta del Pardo merece una visita. Eso sí, conviene armarse de paciencia en horas punta y tener claras las expectativas para disfrutar al máximo de un enclave que, a pesar de sus altibajos en el servicio, conserva ese aire de merendero madrileño que engancha a quienes lo descubren.

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