Farragua Restaurante
AtrásEn la calle Contracay número 3, en pleno centro de Gijón, se esconde uno de esos restaurantes que marcan un antes y un después en la experiencia gastronómica de quienes lo descubren. Farragua Restaurante es el proyecto personal del chef placentino Ricardo Fernández Señorán, un cocinero formado entre Extremadura y Asturias que ha sabido convertir la fusión de ambas tradiciones culinarias en una seña de identidad propia bajo el concepto «Asturmeño».
Una cocina con raíces extremeñas y alma asturiana
Lo primero que conviene saber de Farragua es que aquí no se viene a comer de carta. Este restaurante trabaja exclusivamente con menús degustación que el propio equipo adapta a las preferencias, alergias o intolerancias de cada comensal, algo que el chef Ricardo se encarga personalmente de coordinar, incluso por teléfono antes de la visita. El planteamiento es claro: producto de temporada, máxima calidad y una ejecución técnica impecable, dejando que el ingrediente sea siempre el verdadero protagonista.
El comensal puede elegir entre distintas opciones de menú. El más breve, conocido como «Asina», ofrece una síntesis perfecta para quienes buscan una primera toma de contacto; el «Mangurrino» supone un paso intermedio con mayor recorrido, y el «Dejalamío» (el más extenso) permite disfrutar de un viaje gastronómico completo de hasta ocho pases más postre. Todos ellos oscilan en una franja de precio que, según los asistentes, resulta muy razonable tratándose de alta cocina, situándose en torno a los 50-80 euros por persona, según el menú elegido y si se suma o no el maridaje.
Platos que conquistan el paladar
De entre los platos que más se repiten en las experiencias de los visitantes, la berenjena sedosa (también descrita como ahumada, con su caldo de carne o con un toque de kimchi) se ha convertido en una auténtica firma de la casa. Las mollejas de ternera, crujientes por fuera y tiernas por dentro, son otra de esas elaboraciones que difícilmente se olvidan. Los callos, el arroz meloso (de rabo de ternera o con calamares según la temporada), la merluza en salsa verde con su punto perfecto, el atún tipo tataki sobre ajoblanco extremeño, los tendones de ternera, el salmorejo o gazpacho de calabaza con chips de oreja, y los pimientos asados en piedra son algunos de los nombres propios más elogiados.
En los menús más amplios también aparecen elaboraciones con trucha, faisán, ciervo, pato, huevos benedictine con una holandesa memorable o incluso un arriesgado curry tailandés aplicado al pixín. Para quienes optan por el menú degustación en su versión más completa, los postres también dejan huella: el helado de queso de cabra con limón, el postre de cerezas del Valle del Jerte con chocolate blanco y curry de coco, o la crema de queso de cabra son apuestas originales que cierran la experiencia con acierto.
Una bodega que invita a dejarse llevar
Otro de los grandes atractivos de Farragua es su bodega. El sumiller, con Víctor al frente, ha configurado una selección que huye de las referencias más comerciales para apostar por etiquetas de pequeños productores extremeños y asturianos, además de alguna sorpresa internacional bien escogida. Quienes optan por el maridaje descubren que cada copa está pensada al milímetro para el plato que la acompaña, con vinos como un ancestral de Albamar, propuestas extremeñas como Fusco o el dulce Sigilo para el postre, que convierten la comida en una experiencia todavía más redonda.
Un servicio cercano y profesional
El equipo de sala, reducido pero muy bien coordinado, destaca por su capacidad de explicar cada plato con claridad y cercanía, sin discursos aprendidos. El propio Ricardo suele asomarse al comedor para interesarse por la experiencia de los clientes, presentar algunas elaboraciones e incluso adaptar el menú en tiempo real si surge cualquier necesidad. Esta atención personal se nota especialmente en comensales con intolerancias alimentarias, vegetarianos o embarazadas, para quienes diseñan propuestas específicas sin que el comensal tenga que renunciar a la calidad del resto del menú.
Ambiente íntimo en el centro de Gijón
El local es pequeño, con pocas mesas, decorado en una paleta de blanco y negro que recuerda a un bistró neoyorquino y se completa con detalles artesanales, como pequeñas esculturas de alambre realizadas por la madre del chef. Las mesas están bien separadas, lo que favorece la conversación, aunque algunos visitantes señalan que el tamaño de las mesas para dos personas es algo justo. La iluminación tenue y la música ambiental sin estridencias contribuyen a crear un clima relajado y acogedor, perfecto para cenas especiales, celebraciones o simplemente para darse un homenaje gastronómico.
Lo que conviene tener en cuenta antes de reservar
Como en cualquier restaurante de alta cocina, no todo es perfecto. Algunos puntos que conviene conocer antes de la visita:
- Reserva imprescindible: el local cuenta con pocas mesas, por lo que es prácticamente obligatorio reservar con antelación, especialmente los fines de semana.
- Cerrado martes y miércoles: solo abre de jueves a lunes en dos turnos: comida (13:30-15:30) y cena (20:30-22:30).
- Pan cobrado aparte: hay clientes que consideran poco elegante que en un menú cerrado se cobre el pan por raciones, sobre todo cuando se repite.
- Servicio a veces desbordado: cuando el comedor está completo, con solo dos camareros puede notarse alguna demora o falta de explicación en los platos durante la segunda mitad del servicio.
- Llamadas previas insistentes: algunos visitantes han percibido como algo pesado el contacto telefónico del restaurante para confirmar la reserva.
- Sin acceso para sillas de ruedas: el baño no es accesible y el acceso cuenta con escalones, algo a tener en cuenta para personas con movilidad reducida.
- Aparcamiento complicado: al estar en pleno centro, encontrar plaza cerca es difícil; existe un parking de pago a pocos metros.
Una experiencia que merece la pena
Con el Sol Repsol en su haber y un nivel de cocina que muchos visitantes comparan con el de restaurantes con estrella Michelin, Farragua es una de esas apuestas seguras para quienes buscan una cena o comida especial en Asturias. Su propuesta no es la típica de cafetería ni la de un bar de tapeo, sino un restaurante donde el comensal se entrega a la experiencia, descubriendo sabores extremeños reinterpretados con técnica asturiana y viceversa. Aunque no es una opción para quienes busquen comida para llevar (no ofrece ese servicio), sí es ideal para quienes quieran celebrar algo importante, sorprenderse con un menú diferente o simplemente disfrutar de una de las cocinas más personales y honestas del centro de Gijón. Si buscas una experiencia gastronómica que se aleje de lo convencional y que muestre el talento de un chef que sale a presentar sus platos, Farragua es una parada obligatoria.