Restaurante Kappo
AtrásEl Restaurante Kappo se ha consolidado como una de las referencias ineludibles dentro del circuito de restaurantes japoneses de alta gama en Madrid. Situado en la calle de Bretón de los Herreros, en pleno barrio de Chamberí, este local capitaneado por el chef Mario Payán propone una experiencia gastronómica basada en el formato omakase, una filosofía que invita al comensal a ponerse en manos del cocinero y dejarse llevar por la selección de productos del día. Se trata de una propuesta singular que combina tradición nipona, técnica depurada y un producto excepcional que justifica cada euro invertido en la velada.
El concepto central de Kappo gira en torno a la barra de sushi, el escenario donde los itamae, nombre que reciben los maestros del sushi en Japón, elaboran cada pase delante del cliente. Sentarse en la barra no es un capricho, sino prácticamente una obligación para quien quiera comprender la verdadera esencia de este lugar. Desde ese punto estratégico, el visitante observa cómo los cocineros cortan el pescado con precisión milimétrica, moldean el arroz a la temperatura exacta y construyen cada nigiri con un cuidado que convierte la cena en un verdadero espectáculo. La madera oscura, la iluminación tenue y la vitrina con botellas de la firma House of Suntory completan una atmósfera elegante y sofisticada, alejada del bullicio de otras zonas de la capital.
La propuesta culinaria se articula a través de un menú degustación cerrado que ronda los 115 euros por persona y que suele constar de alrededor de 19 pases. El recorrido comienza con tres entrantes calientes entre los que destacan la kokotxa de bacalao al pil-pil de miso blanco, considerada por muchos clientes habituales como el plato más memorable de la carta; un dumpling de butifarra con gamba y curry negro; y una preparación a base de caballa con chantarela en tempura. Tras esta primera toma de contacto, se despliega una secuencia de nigiris elaborados con piezas de pescado madurado durante periodos que oscilan entre los 3 y los 26 días, una técnica que potencia sabores y texturas de forma muy característica.
Entre los nigiris más celebrados por quienes han pasado por la barra de este restaurante figuran el de vieira con toro, el de calamar con pasta de wasabi encurtido, el de gamba blanca con piparra en tempura, el de trucha flameada con yuzu, el de anguila, el de lorito y, sobre todo, la famosa trilogía de atún que suele cerrar el menú compuesta por otoro, toro con caviar y akami. Cada pieza se sirve de forma individual y los cocineros acostumbran a dedicar unos segundos a explicar el corte, el origen del pescado y el acompañamiento elegido, lo que añade una dimensión didáctica y cultural al acto de comer. Algunos comensales optan por añadir el suplemento de nigiri de carabinero, una pieza especialmente apreciada por su intensidad de sabor y su textura singular.
Para quienes busquen una experiencia aún más exclusiva, existe la posibilidad de solicitar el suplemento de caviar sobre los nigiris de toro, un extra que eleva la velada a un nivel gastronómico superior. El menú degustación finaliza con un poste ligero, generalmente un cremoso de chocolate blanco con pipas de calabaza y matcha, aunque conviene señalar que este es precisamente uno de los aspectos menos lucidos del local según algunas opiniones: varios clientes coinciden en que el postre se queda algo corto en comparación con la brillantez del resto del recorrido. No se trata de un error grave, pero sí de un detalle a tener en cuenta a la hora de calibrar expectativas.
La oferta líquida está a la altura del conjunto. El sake ocupa un lugar protagonista en la bodega de Kappo, con una selección que varios especialistas han calific como una de las mejores que pueden encontrarse fuera de Japón. El sumiller, Alberto Juzgado, se encarga de asesorar a los comensales con un criterio que mezcla respeto por la tradición y apertura a propuestas menos convencionales. Quienes prefieran el vino también encontrarán opciones interesantes, con especial presencia de champagne de pequeños productores y blancos de regiones españolas y francesas. La coctelería, firmada por el jefe de sala, incluye creaciones sorprendentes como un carajillo elaborado con Licor 43 que ha recibido premios especializados, y un Moscow mule que nada tiene que envidiar al de las mejores coctelerías de Madrid.
El servicio es, para la mayoría de visitantes, uno de los grandes activos del local. Los nombres propios que más se repiten en las reseñas son los de los itamae Álex y Borja, cuya cercanía, atención al detalle y conocimiento profundo del producto generan una sensación de hospitalidad poco habitual en restaurantes de este nivel. Mario Payán, presente frecuentemente en la sala, completa un equipo que transmite pasión por la cocina japonesa y un compromiso genuino con cada comensal. La explicación de cada plato, las recomendaciones personalizadas y la capacidad de adaptar el menú a alergias o preferencias, algo especialmente relevante para celíacos, ya que el arroz se prepara sin problemas sin gluten, refuerzan la sensación de estar en un lugar donde el cliente es verdaderamente cuidado.
Ahora bien, no todo es impecable en la experiencia de Kappo. El principal punto débil que señalan algunas visitas tiene que ver con el ritmo del servicio y las explicaciones. En determinados turnos, la velocidad a la que se sirven los pases puede resultar excesivamente rápida, con camareros que dejan el plato y se marchan antes de haber terminado de describirlo, lo que obliga al cliente a interrumpir el flujo de la degustación para pedir aclaraciones. También se han reportado tiempos de espera de entre 15 y 20 minutos entre algunos pases, una incidencia menor pero que rompe la armonía de una cena pensada para fluir sin sobresaltos. Otro aspecto comentado es que, en ocasiones, el número de nigiris servidos puede no ajustarse a lo anunciado inicialmente, algo que en un local con esta política de precios resulta difícil de justificar.
El arroz, elemento fundamental del sushi, es otro de los focos de debate entre los habituales. Mientras la mayoría coincide en que su punto de cocción es correcto, algunas visitas recientes han destacado que en ciertos días el grano se presenta demasiado suelto, lo que dificulta coger las piezas con la mano sin que se desmoronen. No es un problema generalizado, pero conviene tenerlo presente, especialmente para quienes conciben el nigiri como una experiencia táctil además de gustativa. En cuanto al ambiente, el nivel acústico puede ser elevado en hora punta, con conversaciones que en momentos puntuales se acercan al tono festivo, algo que rompe ligeramente la sensación de solemnidad que cabría esperar en un restaurante japonés de referencia.
Desde el punto de vista práctico, conviene tener en cuenta varios aspectos antes de reservar. El precio medio por persona, incluyendo bebidas, se mueve en una horquilla de entre 150 y 180 euros, lo que sitúa a Kappo en el segmento alto de la restauración madrileña. El local abre de martes a sábado en dos turnos, comida de 13:30 a 16:00 y cena de 20:30 a 24:00, permaneciendo cerrado domingos y lunes. La reserva es imprescindible, especialmente si se desea optar por la barra, las plazas más codiciadas del establecimiento. Para quienes busquen una alternativa más económica, el local no ofrece comida para llevar ni opciones similares, ya que su propuesta está exclusivamente vinculada a la experiencia en sala.
El entorno gastronómico de Chamberí en el que se ubica Kappo merece una mención aparte. El barrio se ha consolidado en los últimos años como uno de los polos más dinámicos para los amantes de la buena comida, con una oferta que convive entre cafeterías de barrio con solera, bares históricos de tapeo castellano y proyectos gastronómicos de nueva generación. Esta diversidad convierte la visita a Kappo en una excusa perfecta para completar la jornada con un paseo por la zona y descubrir alguno de los establecimientos vecinos, aunque conviene recordar que la experiencia del local exige llegar con el estómago preparado y la mente abierta para disfrutar de cada pase en su justa medida.
En definitiva, el Restaurante Kappo es una apuesta firme para quienes quieran acercarse a la cocina japonesa más auténtica sin salir de Madrid. Su barra omakase, la calidad sobresaliente del pescado, la técnica depurada de sus cocineros y la cuidada selección de sake lo convierten en una de las direcciones más recomendables para celebrar una ocasión especial o simplemente para darse un homenaje gastronómico. Asumiendo su precio elevado y las pequeñas inconsistencias que pueden surgir en el servicio, la experiencia global se sitúa muy por encima de la media de los restaurantes japoneses de la capital y justifica plenamente la visita, sobre todo si se reserva con tiempo y se elige la barra como lugar desde el que disfrutar del verdadero espectáculo que ofrece este templo del sushi en Chamberí.