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Voltereta Tanzania – Alicante

Voltereta Tanzania – Alicante

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C/ Navas, 33, 03001 Alacant, Alicante, España
Restaurante Restaurante de fusión
9.4 (53519 reseñas)

En la calle Navas número 33, en pleno centro de Alicante, se localiza Voltereta Tanzania, un restaurante temático que traslada al comensal a la sabana africana sin salir de la ciudad. Tras una entrada discreta y unas escaleras intencionadamente rústicas, cruzar la puerta principal supone un cambio de escenario radical: vegetación exuberante, un jeep clásico, un león vigilante desde lo alto y música instrumental que recuerda a las bandas sonoras de aventura. Es uno de esos restaurantes en los que la experiencia empieza antes de mirar la carta, y en los que el decorado se ha convertido en parte inseparable del producto.

El local pertenece a la cadena Voltereta, con presencia también en Valencia (cuatro sedes), Sevilla, Córdoba y Zaragoza, y cada espacio se ambienta en un país diferente. La propuesta alicantina recrea Tanzania con techos selváticos, mesas integradas en la «jungla», jaimas y zonas diferenciadas —Salón de los Leones, Mirador de los Pájaros, área de Exploradores y Sabana Sur— que aportan variedad a la visita y permiten repetir sin que la sensación sea idéntica. Los espejos estratégicamente coloc amplifican la sensación de amplitud, y la decoración cambia perceptiblemente de día a de noche, cuando la iluminación cálida y las farolillas acentúan el efecto safari. También dispone de una terraza interior con abundante vegetación natural, ideal para quienes prefieran evitar la sala principal.

La oferta gastronómica combina sabores internacionales en una carta ecléctica, más cercana a la filosofía de la comida para llevar por la variedad y la presentación de los platos que a un recetario geográficamente definido. Los entrantes más valorados son las gyozas de rabo de toro, las croquetas de pato teriyaki, la cazuela de quesos, el humus, el bao ibérico cantonés, los rollitos Montecristo con cerdo desmechado, el atún rojo crujiente mexicano-coreano y la tempura japonesa de verduras. Como platos principales resaltan el Butter Chicken «Kilimanjaro», el secreto ibérico sobre puré trufado bautizado como «Over the sky secret», las costillas Masái, los canelones de carrillera gratinados, el rigatoni, el katsu brioche con pollo, el solomillo con parmentier y los ravioli de gorgonzola y trufa blanca con nueces pecanas y confitura de higos. Para cerrar la visita, los postres que más se repiten en las recomendaciones son la tarta africana de chocolate, la tarta de filipinos, el Lotus Cake, el Mango Passion y la tarta de queso con chocolate. La carta incluye opciones vegetarianas, platos aptos para embarazadas y un menú infantil para menores de doce años, lo que lo convierte en una alternativa versátil frente a otras opciones del centro de la ciudad.

Las raciones están pensadas para compartir y probar varios platos, una dinámica que casa bien con el concepto de socialización que busca el restaurante. Las cantidades, no obstante, no siempre convencen a todo el mundo: varios visitantes comentan que las porciones se quedan algo cortas en relación con el precio, especialmente en los principales, por lo que conviene pedir un par de platos por persona para no quedarse con hambre. Quienes busquen llenar el estómago sin sorpresas pueden optar por el menú diario de entre semana, con una relación calidad-precio especialmente competitiva y que permite probar la experiencia sin un desembolso elevado.

El servicio es uno de los puntos fuertes recurrentes. El personal va uniformado con estética safari y los nombres que más se repiten en las experiencias positivas son Ilaria, Daniela, Laura, Karen, Khaoula, Noelia, Iván, Magdalena, Hilaria, Manu, Alexander, Aitana, Lucía B. y Sebastián. La dirección acepta reservas a través de su web y de las principales plataformas, algo imprescindible si se quiere garantizar mesa, especialmente viernes, sábados y festivos. Hay, incluso, casos documentados de clientes a los que se les había asignado mesa en otra ciudad por error y aun así el equipo de recepción encontró sitio para ellos, o de celebraciones de cumpleaños en las que el equipo cantó el «cumpleaños feliz» con vela y postre incluidos. Para los aficionados a la cadena, existe además un «pasaporte Voltereta» que se sella y se pega en cada sede visitada, una iniciativa original que invita a completar la ruta por las distintas ciudades.

En la práctica, conviene tener en cuenta algunos detalles logísticos. El local se sitúa a unos cien metros del Parking Alfonso, lo que facilita el acceso en coche. La entrada cuenta con accesibilidad para sillas de ruedas, aunque el acceso a la sala obliga a subir unas escaleras, algo que puede resultar incómodo para personas con movilidad reducida o familias con carritos. El horario habitual abre de mediodía a primera hora de la tarde, y por la noche hasta bien entrada la madrugada, con horarios especiales los fines de semana. El precio medio por persona oscila entre los 20 y los 30 euros si se pide un entrante, un principal y una bebida, aunque las cenas completas suelen moverse en la franja de los 30 a 40 euros por comensal. La oferta de cócteles es amplia y está especialmente cuidada, lo que convierte al local en una opción atractiva también para quienes buscan simplemente tomar algo en un entorno singular.

Entre los puntos que podrían mejorarse, los visitantes mencionan la espera en la puerta antes de acceder al comedor —en torno a 15 o 20 minutos incluso con reserva confirmada—, la iluminación escasa en algunas mesas que dificulta ver el plato al anochecer, el tamaño reducido de ciertas zonas como el Mirador de los Pájaros —con mesas muy juntas y techos bajos que pueden resultar agobiantes para cenas largas— y el límite de tiempo de unos 90 minutos por servicio, que algunos perciben como ajustado. También se han señalado platos concretos que no siempre están a la altura del resto de la oferta, como el bao, el Coco del Índico o la tarta de chocolate de Tanzania, que algún comensal describe como más bien tipo mousse. En cuanto al mantenimiento, los aseos han sido criticados en alguna ocasión por falta de limpieza, un aspecto que choca con el cuidado del resto del local. La entrada, con su alfombra y moqueta, puede generar una primera impresión poco favorecedora antes de cruzar la puerta y descubrir la verdadera puesta en escena. Hay, además, un fotomatón a la entrada con un precio de cinco euros que no siempre se muestra con claridad antes del cobro.

Para quienes estén valorando dónde cenar o celebrar una ocasión especial en Alicante, Voltereta Tanzania se posiciona como una opción sólida frente a otras alternativas de cafeterías y bares de la zona centro. La propuesta combina decoración, ambiente y gastronomía con un servicio que, salvo excepciones puntuales, se esfuerza en cuidar al detalle. Es una buena elección para una cena con amigos, una cita distinta o una celebración familiar con niños, ya que dispone de menú infantil y tronas. En definitiva, se trata de un restaurante que invita a dejarse llevar por la experiencia sin prisas, mejor con reserva anticipada y con la mente abierta a probar una carta eclécie en un escenario que, por sí mismo, ya justifica la visita.

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