Audrey’s Restaurant
AtrásSobre la Avenida Juan Carlos I número 48 de Calpe, en la provincia de Alicante, se alza una propuesta gastronómica que lleva años consolidándose como una de las referencias ineludibles de la alta gastronomía mediterránea: Audrey’s Restaurant. Tras las puertas del Hotel AR Diamante Beach & Spa, con entrada independiente del establecimiento hotelero, este restaurante con estrella Michelin capitaneado por el cocinero Rafa Soler propone una cocina de raíz levantina donde el producto de proximidad es el verdadero protagonista.
Quien se acerque hasta Audrey’s debe saber que está ante un formato de menú degustación que rota con el ritmo de las estaciones. La carta ha ido variando con el tiempo e incluye opciones como el menú Audrey’s (el más corto), Raíces (16 pasos), Origen, Levante, Terra, Aitana o el histórico Jóel de 18 pases. Todos comparten una misma filosofía: trabajar con materia prima local, priorizando el mar y la huerta alicantina. De hecho, distintos comensales calculan que alrededor del 90% de los ingredientes proceden de la comarca. Esto se traduce en platos como las quisquillas a la salazón con crema de almendra marcona, el agua de tomate con perlas de naranja y miel, el buñuelo de trufa y panceta, la cigala, la gamba roja de Dénia, la carrillera de atún madurada o el cordero lechal.
La cocina, sin embargo, no es el único pilar sobre el que descansa Audrey’s. La sala presume de un equipo que los clientes suelen recordar por su nombre: César, el sumiller, sobresale por su criterio a la hora de proponer vinos y diseñar maridajes, mientras que Bryan (a veces escrito como Brayan) se encarga de presentar cada plato con explicaciones medidas, sin resultar pesadas. El propio Rafa Soler suele acercarse a las mesas para conversar con los comensales, un gesto cercano que contrasta con la distancia habitual en este tipo de casas. El pan de semillas elaborado en casa, la mantequilla y el aceite de oliva virgen extra son pequeños detalles que refuerzan esa sensación de cuidado absoluto por cada elemento que llega a la mesa.
Ahora bien, no todo es perfecto. Aunque la mayoría de visitantes quedan prendados del menú, algunas voces críticas señalan aspectos mejorables. Quienes optan por el menú más breve han comentado que las raciones pueden resultar algo justas en comparación con otros restaurantes de su categoría. El ambiente de la sala también divide opiniones: hay quienes lo describen como acogedor y tranquilo, pero otros lo perciben como algo frío e impersonal, con una iluminación que no termina de crear la atmósfera envolvente esperada en una estrella Michelin. En varias reseñas se menciona que la música procedente del lobby del hotel —un saxofonista en ciertos momentos de la velada— llega a competir con la ambiental del restaurante, restando intimidad.
El servicio también ha generado alguna fricción ocasional. Se han dado casos en los que el personal no ha reaccionado a tiempo ante detalles como una servilleta en el suelo, y ciertos comensales han detectado que las copas no siempre se renuevan con la frecuencia que la categoría exige. La carta de vinos, aunque amplia y con referencias interesantes, ha sido criticada en más de una ocasión por aplicar márgenes elevados en algunas botellas más asequibles, algo que choca en un restaurante de este nivel. En cuanto al uniforme, algún visitante ha observado pequeños desajustes que transmiten menos precisión de la esperada.
Otro punto sensible es la accesibilidad. Aunque el local cuenta con entrada adaptada y parking dentro del propio hotel, varios comensales han relatado dificultades para localizar la entrada independiente del restaurante o para obtener información telefónica antes de la visita, con tiempos de espera prolongados al llamar. Se trata de un aspecto logístico que conviene tener presente a la hora de planificar la reserva, especialmente para quienes no se alojen en el hotel.
En el terreno puramente gastronómico, los platos más elogiados coinciden en varias visitas: las quisquillas con crema de almendras, el arroz meloso (ya sea de pato, de conejo o de brótola con sardinas), el pescado de lonja (corvina, gamba roja, cigala) y los postres cítricos. También se repite el elogio al pan artesano y a la materia prima en general. Como contrapunto, algún plato principal —como el jarrete de carne de res en alguna visita— ha dejado dudas por su temperatura o textura, y ciertos pases se han percibido como planos, sin ese clímax emocional que se espera de un menú degustación de larga duración.
El horario de Audrey’s es limitado: cierra lunes y martes, abre miércoles y jueves solo en turno de noche (de 20:00 a 22:00) y de viernes a domingo ofrece servicio de comida (13:30 a 15:00) y cena (20:00 a 22:00). Las reservas pueden gestionarse a través del número 965 02 00 89 o mediante la web del Hotel AR. Dado el tamaño íntimo del comedor y la demanda, conviene anticiparse con semanas de margen, sobre todo en temporada alta o si se busca un horario específico.
En definitiva, Audrey’s Restaurant es una apuesta sólida para quien busque una experiencia de cocina mediterránea contemporánea en la Costa Blanca, con el respaldo de un cocinero creativo como Rafa Soler y un equipo de sala profesional. La relación calidad-precio se considera correcta dentro del segmento Michelin, y la posibilidad de maridar la velada con una noche de hotel añade un plus de comodidad. Quien valore especialmente la calidez del servicio, la narrativa detrás de cada plato o una atmósfera más íntima debería tenerlo en cuenta antes de decidirse, porque son precisamente esos los aspectos donde el restaurante muestra más margen de mejora. Si lo que se busca es producto local bien trabajado, arroz de nivel, pescado fresco del litoral alicantino y un menú que cambia con el calendario, Audrey’s sigue siendo una de las direcciones obligatorias si se pasa por Calpe.