Restaurante El Mirador de la Playa
AtrásEl Restaurante El Mirador de la Playa, ubicado en el número 12 de la Calle Juan Alonso, en pleno centro de Gijón (Asturias), ocupa una posición privilegiada: se levanta en primera línea de la Playa de San Lorenzo, una de las playas urbanas más conocidas del norte de España. Su nombre no es casual, ya que el local cuenta con un mirador en la planta superior desde donde se contempla el mar Cantábrico sin obstáculos. Es un restaurante de los de siempre, de esos que llevan años ofreciendo comida asturiana tradicional a vecinos y visitantes, con un perfil que mezcla bar, cafetería y comedor en sus dos plantas.
Para quienes buscan un sitio donde almorzar o cenar comida casera frente al Cantábrico, este restaurante se ha consolidado como una dirección fiable. No es un local gastronómico de autor ni pretende serlo; su propuesta se basa en la cocina asturiana bien hecha, cantidades generosas y un trato cercano. La oferta combina piezas fuertes de la cocina asturiana —fabada, fabes con almejas, cachopo, merluza a la sidra— con clásicos de la cocina española que funcionan como complemento habitual.
En cuanto al funcionamiento, el establecimiento abre de martes a domingo en horario de 12:00 a 17:30, cerrando los lunes. Dispone de servicio de comida para llevar, barra, comedor interior con dos salas y zona de mirador con vistas al mar. Es importante tener presente un detalle clave: no se aceptan reservas. El acceso es por orden de llegada y en función de la mesa que vaya quedando libre. Esto, unido a su ubicación y a la calidad de su oferta, provoca que en fines de semana y durante el verano se formen colas a partir de cierta hora. Quienes quieran evitar esperas deberían llegar antes de las 13:00 o justo cuando abren a mediodía.
El menú del día es la opción más popular y, probablemente, la más recomendable para quien visita el local por primera vez. Su precio ronda los 27 euros en fin de semana e incluye primero, segundo, bebida, pan y postre, con alrededor de nueve primeros y nueve segundos a elegir. Entre los primeros no faltan la fabada asturiana, las fabes con almejas, el pote asturiano, la sopa de marisco, la paella de carne, los escalopines al cabrales o el pastel de cabracho. En los segundos se alternan opciones como la merluza a la sidra, la ternera guisada, el bonito con pisto, el codillo al horno, el cachopo o el bistec a la plancha, entre otros. Para familias, hay opción de medio menú para niños.
Las especialidades de la casa, según coinciden quienes han comido allí, son la fabada y las fabes con almejas. La primera se sirve en una cazuela de barro con una ración pensada para varias personas: muchos clientes señalan que con una sola cazuela comen tres o cuatro comensales sin dificultad. El punto de cocción de la legumbre, el sabor del compango y la cremosidad del caldo son los aspectos más repetidos. Las fabes con almejas, por su parte, se trabajan con almejas de calibre generoso y un caldo sabroso, también servidas en cazuela, y son habituales en las recomendaciones del personal.
El cachopo es otro de los platos más demandados cuando se pide de carta. Viene en ración XL, suficiente para dos personas, empanado a la asturiana y con un buen relleno de jamón y queso. La merluza a la sidra destaca por su punto de cocción y el acompañamiento de patatas fritas caseras. Para quien prefiera algo más contundente, el pote asturiano o las lentejas funcionan como primer plato completo. Quienes busquen pescado a la plancha tienen opciones como el atún o el bistec de ternera, ambos bien ejecutados según las opiniones recogidas.
La oferta de postres caseros es otro de los puntos fuertes del restaurante. La tarta de la abuela, el arroz con leche, el flan casero, la tarta de queso al horno, los frixuelos rellenos de chocolate o la manzana asada son las opciones más habituales. La tarta de la abuela y la tarta de queso al horno son las que más elogios reciben, con menciones a su tamaño generoso y su sabor artesanal. Todos los postres se elaboran en el propio establecimiento, algo que los clientes valoran especialmente.
El servicio es uno de los aspectos más cuidados. La plantilla, mayoritariamente joven, ofrece una atención rápida y atenta, sin la rigidez de los locales de protocolo. Los camareros más mencionados —Carlos, Ramón, Anabel y un camarero gaditano especialmente elogiado por quienes proceden de Andalucía— son destacados por sus recomendaciones, su amabilidad con niños y su capacidad para adaptar la oferta a personas con alergias, vegetarianas o veganas. La implicación del propietario es otro rasgo diferenciador: los clientes perciben que alguien de la casa está pendiente de que la comida salga bien, reforzando el carácter familiar.
En lo que respecta al ambiente, el restaurante presenta dos espacios diferenciados. La planta baja es la zona más animada, con una barra donde se puede esperar mientras se libera una mesa y un comedor con vistas laterales al Paseo Marítimo. La planta alta, conocida como el mirador, ofrece la panorámica más completa del Cantábrico y de la Playa de San Lorenzo; las mesas junto a la ventana son las más codiciadas. La decoración, con plantas, frutas, cuadros y elementos rústicos, responde a un estilo de cafetería y bar tradicional asturiano. Predomina el ambiente coloquial: conversaciones altas, ruido de platos y un tono general de comedor familiar de domingo.
Sin embargo, no todo son aciertos. Hay varios puntos débiles que conviene conocer antes de acudir. El más evidente es la ausencia de aire acondicionado. Las ventanas del mirador reciben el sol por la tarde y el calor se acumula, sobre todo en julio y agosto, lo que ha provocado quejas reiteradas. Quienes visiten el local en pleno verano deben prever ropa ligera y, si tienen la opción, solicitar mesa en la planta baja.
Otro aspecto que ha generado alguna crítica es la falta de transparencia con el agua. Varios comensales han observado que el agua incluida en el menú del día se sirve en botellas rellenadas con agua del grifo filtrada, presentada como si fuera mineral. No es una práctica ilegal, pero debería comunicarse con claridad al cliente. Quienes prefieran agua mineral natural deberán pedirla específicamente, lo que probablemente conlleve un cargo adicional. Esta información, aunque menor, es útil para evitar sorpresas en la cuenta.
Algunos clientes también han señalado que la calidad del producto varía según la temporada. En momentos de máxima ocupación turística, ciertos platos elaborados —como la paella de carne o el pastel de cabracho— pueden presentar una calidad inferior a la esperada. Por el contrario, las elaboraciones más emblemáticas del restaurante, como la fabada y las fabes con almejas, mantienen un nivel alto de forma estable. Quienes coman fuera del menú estival tienen más posibilidades de disfrutar de la cocina en su mejor versión.
El aparcamiento en la zona es una dificultad añadida. La calle Juan Alonso y el entorno del Paseo Marítimo cuentan con plazas limitadas y, en verano, es prácticamente imposible encontrar sitio libre. Quienes lleguen en coche deberán recurrir a los parkings públicos del centro de Gijón, a unos 5-10 minutos a pie, o bien optar por transporte público, taxi o desplazarse andando si se alojan cerca. El restaurante está bien comunicado con las principales líneas de autobús urbano de la ciudad.
Un detalle distintivo del Restaurante El Mirador de la Playa es que admite mascotas y ofrece a los clientes que acudan con perros agua en un cuenco e incluso bandejitas con comida para ellos. Es un servicio poco habitual entre los restaurantes y bares del centro de Gijón, que muchos dueños agradecen. Para familias con niños, además del medio menú, hay tronas disponibles y un trato especialmente amable por parte del personal.
Sobre el pago, el local acepta las formas habituales, efectivo y tarjeta, y el ticket medio por persona con menú del día se sitúa por debajo de los 30 euros, una cifra competitiva tratándose de un restaurante en primera línea de playa. Si se pide a la carta, con un primero y un segundo por persona, el precio ronda los 25-35 euros sin contar bebida ni postre, dependiendo del plato elegido. Para grupos, una estrategia habitual es pedir una cazuela de fabada o fabes para compartir y un segundo individual por persona, lo que permite salir más económico y probar más elaboraciones.
el Restaurante El Mirador de la Playa es una opción sólida para comer comida asturiana tradicional en Gijón, especialmente indicada para quienes valoran las raciones generosas, el ambiente familiar y las vistas al mar. Sus puntos fuertes son la calidad de la fabada y las fabes con almejas, el servicio atento y la relación calidad-precio del menú del día. Sus puntos débiles son la falta de aire acondicionado en verano, la ausencia de reservas, el aparcamiento complicado y cierta falta de transparencia con el agua. Quienes tengan presentes estos detalles y acudan con la expectativa de una comida abundante y casera, en un entorno privilegiado, seguramente saldrán satisfechos. Es, en definitiva, un restaurante para quienes quieran probar la comida asturiana de toda la vida en uno de los entornos más reconocibles de Gijón.