El Velódromo
AtrásEl Velódromo es uno de esos establecimientos que el tiempo manteniendo viva su esencia. Ubicado en el corazón del Eixample de Barcelona, concretamente en el Carrer de Muntaner 213, este local icónico presume de casi un siglo de historia durante el cual fue punto de reunión de intelectuales, artistas y políticos barceloneses. Hoy, bajo el asesoramiento del chef estrellado Jordi Vilà y el proyecto de Cervezas Moritz, el local ha sabido reinventarse sin perder su alma tradicional.
La decoración Art-Déco del establecimiento es probablemente uno de sus mayores atractivos. Nada más cruzar el umbral, el visitante se encuentra con una escalera de madera roja que conduce a la planta superior, lámparas colgantes que aportan calidez al espacio, una impresionante barra y, por supuesto, el gran billar que ha sido testigo de countless conversaciones y partidas a lo largo de las décadas. Los techos altos y la distribución amplia hacen que el local resulte espacioso y acogedor a partes iguales, un lugar donde sentirse cómodo ya sea para un desayuno tranquilo, una comida entre semana o una cena con amigos.
La oferta gastronómica
En cuanto a la carta, El Velódromo ofrece una propuesta que combina platos típicos catalanes con toques de autor. Las tapas son protagonistas absolutas y permiten compartir entre varias personas, algo que resulta ideal para grupos. Entre los platos más destacados por los clientes encontramos las famosas bombas de la Barceloneta, unas croquetas de diferentes variedades (de jamón, de calçots, de escudella), la ensaladilla rusa que algunos califican como la mejor de Barcelona, y los macarrones gratinados que han conquistado a más de un comensal.
El bocadillo de pastrami estilo Nueva York merece mención especial, ya que múltiples reseñas lo consideran junto con la variedad de tapas como lo mejor del establecimiento. Este plato es un homenaje al mítico local neoyorquino Katz’s Delicatessen y ha sorprendido gratamente a quienes lo han probado. También destacan preparaciones como la ternera con chimichurri, las albóndigas en salsa de cerveza, el arroz meloso de calamares y platos de carne bien ejecutados.
La oferta de postres no se queda atrás. La crema catalana casera, el lemon pie con su espuma de limón característica, el carrot cake de Moritz Negra con frosting de queso crema, y combinaciones originales como el pan con chocolate, aceite de oliva y sal demuestran que la cocina prest atención hasta el último plato. Para quienes buscan opciones ligeras, también hay ensaladas, pimientos de Padrón y el salmorejo como alternativas frescas.
Bebidas: Moritz como protagonista
Al estar vinculado al proyecto de Cerveza Moritz, no es de extrañar que la carta de bebidas tenga a esta marca como protagonista. Desde la Moritz tradicional de barril hasta variedades de temporada, pasando por cervezas sin alcohol, el local ofrece opciones para todos los gustos. Los precios son razonables para la zona, y hay quienes recomiendan especialmente la Moritz Negra como acompañamiento de determinados platos. También hay una selección de vinos, vermuts y otras bebidas para completar la experiencia.
El servicio: un aspecto a mejorar
A pesar de las nombreuses opiniones positivas sobre el personal (camareros como Andrea, Melany, Rodrigo y Sebastián reciben menciones destacadas por su amabilidad y profesionalismo), existe un patrón recurrente de quejas relacionadas con la velocidad del servicio. Diversos clientes han reportado tiempos de espera considerables, tanto para obtener mesa como para ser atendidos una vez sentados. Frases como «nos fuimos del lentódromo» o experiencias de esperas de más de 30 minutos para que tomaran nota aparecen con cierta frecuencia en las reseñas.
Esta situación parece derivarse de una falta de personal en momentos puntuales, lo que lleva a un servicio que, aunque amable en intención, resulta lento en la práctica. Es recomendable reservar si se planea visitar durante el fin de semana o en horarios de máxima afluencia. El local también dispone de un salón privado en la planta superior para eventos y celebraciones, aunque algunas reseñas mencionan problemas de mantenimiento en esta zona.
Aspectos a considerar
Hay ciertos detalles que merecen mencionarse para que el visitante pueda tener expectativas realistas. Las raciones no son especialmente grandes, por lo que quienes buscan platos abundantes quizás deban pedir más cantidad. Algunos clientes han notado que ciertos platos comparten sabores similares, especialmente en las salsas, lo que puede hacer que la experiencia resulte monótona si se piden demasiados platos.
El nivel de ruido puede ser elevado en determinadas horas, algo a tener en cuenta si se busca un ambiente tranquilo para conversar. La insonorización del local no es su punto fuerte. En cuanto a precios, se sitúan en un nivel moderado (nivel 2 sobre 4), justificados por la ubicación, el ambiente y la calidad general de los productos.
Un punto delicado es el manejo de alergias alimentarias. Una reseña detalla una experiencia problemática en este aspecto, donde no se respetó una solicitud de exclusión de ingredientes y el personal no demostró la empatía ni la profesionalidad esperada en estas situaciones. Es fundamental que el cliente comunique claramente cualquier alergia y supervise la preparación.
Horario y servicios
El Velódromo abre sus puertas todos los días desde las 7:30 de la mañana, lo que permite disfrutar de un desayuno completo con café y bocadillos de calidad. El horario de cierre varía según el día: entre semana cierra a la 1:00, mientras que viernes y sábado lo hace a las 2:00. Esta extensión horaria lo convierte en una opción viable tanto para almuerzo como para cena tardía.
El establecimiento ofrece servicios de comida para llevar, admite reservas y cuenta con entrada accesible para personas con movilidad reducida. También hay terraza disponible para quienes prefieran disfrutar del ambiente al aire libre. Es un lugar apropiado para grupos, familias y parejas, adaptándose a diferentes ocasiones.
¿Merece la pena visitar El Velódromo?
Después de analizar decenas de experiencias, podemos concluir que El Velódromo es un establecimiento que cumple con creces en aspectos como ambiente, decoración, calidad de ciertos platos y variedad de la carta. La propuesta gastronómica funciona bien para ir de tapas o compartir varios platos, y la relación calidad-precio resulta correcta considerando la ubicación y el contexto.
Sin embargo, el servicio puede ser un talón de Aquiles en momentos de alta demanda. Si se planea visitar, las recomendaciones serían: reservar para horarios complicados, tener paciencia si el servicio no es inmediato, y en los platos más recomendados por otros clientes como las bombas, el pastrami, la ensaladilla y las croquetas. Para quienes buscan un bar con historia, buena mesa y ambiente lively en Barcelona, El Velódromo sigue siendo una apuesta segura después de casi 100 años.