Can Jubany
AtrásCan Jubany es uno de esos restaurantes que se han convertido en referencia obligada dentro de la alta cocina catalana. Situado en una antigua masía rodeada de huertos, en la carretera de Sant Hilari de Calldetenes, este proyecto encabezado por el chef Nandu Jubany y su familia combina producto de proximidad, creatividad y tradición en partes iguales, dando como resultado una experiencia gastronómica que va mucho más allá de una simple visita a un restaurante.
Antes incluso de sentarse a la mesa, el visitante percibe que está ante algo distinto. El camino de entrada flanqueado por el huerto ecológico propio ya anticipa la filosofía del lugar: los vegetales, frutas y hierbas aromáticas que se servirán después proceden literalmente del terreno que se acaba de cruzar. Esta comida para llevar en sentido inverso, es decir, de la tierra al plato, es una de las señas de identidad más valoradas por quienes repiten visita. La masía, reformada con gusto, conserva el encanto de las casas pairales catalanas y distribuye a los comensales en distintas salas íntimas y acogedoras, algunas con vistas a la cocina abierta, donde se puede observar el trabajo del equipo en plena faena.
La oferta gastronómica se articula principalmente en torno a dos menús degustación: «Un passeig per Catalunya» y «El Gran Àpat», siendo este último el más extenso y ambicioso. Ambos están pensados para mostrar la evolución de la cocina catalana de raíz, reinterpretada con técnicas actuales y un respeto absoluto por el producto de temporada. Entre los platos que más han quedado en la memoria de los comensales figuran el icónico canelón del Nandu, el tartar de gamba blanca, el arroz de espardenyes, las múrgoles a la crema, el pollo a l’ast, la ostra con mantequilla de trufa negra y la clásica aceituna arbequina, que muchos clientes identifican como un sello inconfundible de la casa. El remate llega con el Festival de Postres, una experiencia dulce en la que se sirven hasta cinco elaboraciones, incluyendo un babá de brioche flambeado al momento y una piña colada versionada que se ha ganado sus propios adeptos.
El servicio es, sin duda, uno de los grandes activos del restaurante. La dirección de sala, históricamente ligada a la familia Jubany, consigue que cada comensal se sienta atendido con cercanía sin resultar invasiva. Camareros como Alba, Anna, Blau, Xavi o Erik son mencionados repetidamente en las valoraciones por su profesionalidad y su capacidad para explicar con detalle cada plato, incluyendo sugerencias sobre cómo degustarlo correctamente. El sommelier, por su parte, acompaña al cliente en la elección de vinos, con una bodega que incluye referencias locales, nacionales y algunas joyas internacionales para los paladares más exquisitos.
Quien busque un formato más desenfadado tiene a su disposición la opción de pedir a la carta, así como una selección de vinos sin alcohol, un detalle que los comensales agradecen especialmente. El bar interior y la terraza con chimenea y mantas para los meses fríos amplían las posibilidades de la visita, permitiendo alargar la sobremesa con un café de proximidad, una infusión elaborada con hierbas del propio huerto o, simplemente, una copa tranquila mientras se contempla el paisaje.
En el apartado menos favorable, conviene señalar algunas cuestiones que aparecen de forma recurrente en las experiencias menos entusiastas. El ritmo inicial del servicio puede resultar algo lento en ciertos momentos, especialmente cuando coinciden varias mesas a la vez, lo que genera una espera inicial antes del primer pase del aperitivo. Quienes optan por «El Gran Àpat» en sesión de cena señalan que la cantidad de pases puede resultar excesiva, recomendando en estos casos elegir el menú largo en horario de mediodía para disfrutarlo con más calma. También se han reportado pequeñas inconsistencias puntuales en la ejecución de algún plato concreto, algo casi inevitable en cualquier restaurante de alta cocina que trabaja con producto fresco y cambiante. Finalmente, hay comentarios sobre la incomodidad de ciertas sillas en algunas salas, un detalle menor pero que el local podría revisar para mantener el nivel global de confort que exige un establecimiento de esta categoría.
El precio, acorde al segmento gastronómico en el que compite, sitúa a Can Jubany en el nivel alto del mercado. El menú degustación de menor coste ronda los 118 euros, mientras que «El Gran Àpat» se mueve en torno a los 145-165 euros, a los que hay que añadir el Festival de Postres, el maridaje y los cafés. El aparcamiento es amplio y gratuito, lo que se agradece en una zona donde este tipo de servicios no siempre están garantizados.
El horario de apertura es limitado, algo habitual en este tipo de proyectos: de martes a sábado al mediodía, y de miércoles a sábado también en horario de cena, permaneciendo cerrado los domingos y lunes. Por este motivo, la reserva se vuelve imprescindible, especialmente en fines de semana y fechas señaladas. El local es accesible para personas con movilidad reducida en su entrada principal.
En definitiva, Can Jubany representa una de las apuestas más sólidas dentro del panorama de restaurantes con estrella Michelin en Cataluña. Su apuesta por el producto de proximidad, su entorno único, la coherencia de una propuesta que evoluciona sin perder su esencia y un servicio que combina profesionalidad y calidez lo convierten en una visita obligada para los amantes de la buena mesa. Para quienes buscan cafeterías o bares más informales, esta no es la opción; pero si lo que se desea es una inmersión profunda en la mejor cocina catalana contemporánea, el viaje a Calldetenes merece cada minuto del desplazamiento.