EL BUEN GUSTO 1952
AtrásEn el corazón de Terrassa, concretamente en el Carrer d’Alcoi número 44, se encuentra un establecimiento que ha marcado la historia gastronómica de la ciudad. Tasca y Tienda El Buen Gusto 1952 es un negocio con raíces profundas que combina la esencia de una rostisserie tradicional con el encanto de una taberna moderna donde las tapas se elaboran con una dedicación que pocas veces se encuentra en la hostelería actual.
Este comercio, que lleva funcionando desde 1952, ha pasado por distintas etapas, pero su esencia se ha mantenido intacta. Lo que hoy conocemos como El Buen Gusto nació originalmente como un negocio de comida para llevar y asadores de pollo, una tradición que sigue vigente en la zona contigua del local. Con el paso de los años, la segunda generación de propietarios dio un paso adelante y amplió el concepto, transformando parte del espacio en una acogedora tasca donde las tapas y los platos preparados se convierten en protagonistas.
La influencia del chef estrellado
Uno de los aspectos más llamativos de El Buen Gusto es la figura de su actual chef, Artur Martínez, quien anteriormente dirigió el restaurante Capritx, alcanzado una estrella Michelin. Su llegada a la tasca ha supuesto una inyección de calidad y profesionalización en la elaboración de los platos, sin perder la esencia de bar de barrio que caracteriza al establecimiento. Artur no solo cocina: es habitual verlo atender mesas, entablar conversación con los clientes e incluso encargarse personalmente de preparar pedidos especiales, algo que los comensales valoran enormemente como muestra de humildad y compromiso con su trabajo.
Oferta gastronómica
El Buen Gusto se divide claramente en dos zonas. Por un lado, la tienda y Rostisserie, donde se pueden adquirir productos para llevar como el famoso pollo a l’ast, considerado por muchos como el mejor de Terrassa. Por otro, la tasca propiamente dicha, que funciona como un espacio de tapas informales pero cuidadosamente elaboradas.
Platos destacados
Entre las elaboraciones que más consenso generan entre los visitantes se encuentran las croquetas de pollo, descritas repetidamente como excepcionales: crujientes por fuera, cremosas y con un intenso sabor a pollo por dentro. Las patatas bravas también merecen mención especial, con una salsa que ha evolucionado con el tiempo y que ahora cuenta con toques de especias que las hacen únicas. La ensaladilla rusa, los boquerones en vinagre, las anchoas y los octavillos de anchoas completan una carta de tapas que navega entre la tradición catalana y toques de innovación.
También se pueden encontrar en la carta platos más contundentes como la tortilla de patata y cebolla, los callos, el cap i pota, la butifarra del perol, el trinxat y opciones como el pan de barra con mantequilla ahumada y anchoa. Para los postres, el arroz con leche quemado —descrito como una fusión entre arroz con leche y crema catalana— y el pastel de queso son opciones que no defraudan.
El establecimiento también ofrece una interesante selección de vino, donde destaca la figura del sumiller Raúl, especializado en vinos catalanes y capaz de recomendar maridajes que elevan la experiencia culinaria. Además, disponen de vermut artesano que ha ganado sus propios adeptos entre los visitantes.
Ambiente y espacio
El local de la tasca es deliberadamente pequeño. Con solo cinco mesas altas con taburetes, dos o tres plazas en barra y una mesa baja para hasta seis personas, la intimidad está garantizada pero también la necesidad de planificar la visita. Es prácticamente imprescindible reservar, especialmente los fines de semana, ya que el espacio se llena con rapidez. La decoración transmite calidez, con fotografías en blanco y negro que rinden homenaje a la historia del establecimiento y una selección musical quetransporta a los años 90 y 2000.
En cuanto a la comodidad, hay que señalar que los taburetes han recibido críticas por resultar algo incómodos para estancias prolongadas, un detalle a tener en cuenta si se busca una experiencia relajada.
Horario y servicio
Un dato importante a considerar es que El Buen Gusto solo abre los sábados y domingos, de 10:00 a 16:30. Esto limita considerablemente las posibilidades de visita para quienes y solo disponen de días entre semana. Para la zona de Rostisserie, también se recomienda encarecidamente hacer el encargo con antelación, ya que los pollos se elaboran bajo pedido y es posible que se agoten durante las horas punta.
El servicio ha sido generalmente muy bien valorado por los clientes. La atención del personal es descrita como amable, efectiva y cercana. No es raro que el propio chef se acerque a las mesas para conocer la opinión de los comensales, un gesto que genera una conexión especial con el cliente. Aun así, hay reseñas que apuntan a cierta lentitud en el servicio durante momentos de alta afluencia, algo comprensible dado el tamaño del local y la alta demanda.
Relación calidad-precio
El nivel de precios se sitúa en un punto intermedio, con un coste medio por persona en torno a los 20-30 euros para una comida de tapas variadas con bebida. El pollo a l’ast tiene un precio similar al de otras rostisserías de la zona, mientras que algunos platos elaborados pueden resultar ligeramente superiores al promedio. Sin embargo, la calidad de los ingredientes y el esmero en la elaboración justifican, según la mayoría de opiniones, esta diferencia. La tortilla de patata, por ejemplo, se considera un robado a 8 euros la ración generosa.
Puntos fuertes
Los puntos más valorados del establecimiento son la calidad constante de los platos, especialmente las croquetas y el pollo a l’ast, la atención personalizada del personal y la atmósfera acogedora que invita a compartir mesa con amigos. La presencia de un chef con formación Michelin aporta un nivel de elaboración que no se encuentra fácilmente en un contexto de bar y tasca convencional. La oferta de comida para llevar es también un recurso valioso para quienes prefieren disfrutar de estos productos en casa.
Aspectos a mejorar
Como puntos de atención, hay que mencionar que el espacio es muy reducido, lo que puede generar incomodidad si se busca privacidad o si se va con niños pequeños. Los horarios limitados a fines de semana restricten el acceso a quienes tienen disponibilidad limitada. Algunos clientes han señalado que ciertos platos resultan algo básicos para el precio que se pide, y que en ocasiones el servicio puede ser lento en horas puntas. También hay reseñas que mencionan la falta de servicio de cafetería y chupitos de alta graduación como una oportunidad de mejora.
El Buen Gusto 1952 es un establecimiento singular que logra equilibrar la tradición de una rostisserie de toda la vida con la exigencia de una cocina más refinada. Su propuesta de tapas de calidad, su ambiente acogedor y la pasión palpable de su equipo lo convierten en una dirección recomendable para quienes buscan comer bien en Terrassa, tanto para una comida informal en el local como para llevar productos elaborados con criterio. Eso sí, conviene recordar que la clave está en planificar la visita: reservar mesa y, para la comida para llevar, encargar con antelación.