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Cuadrilla Montecarmelo

Cuadrilla Montecarmelo

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Av. del Monasterio de Silos, 67, Fuencarral-El Pardo, 28049 Madrid, España
Bar Restaurante
8.8 (2725 reseñas)

Cuadrilla Montecarmelo se ha consolidado como una de las opciones gastronómicas más reconocidas del barrio de Montecarmelo, en el distrito de Fuencarral-El Pardo, al norte de la capital. Este restaurante destaca por ofrecer una propuesta culinaria inspirada en la cocina asturiana, aunque sin cerrarse a otras influencias gastronómicas que enriquecen su carta de manera notable. Con una decoración moderna que combina elementos industriales con materiales cálidos como la madera, el local transmite una atmósfera acogedora tanto en su planta baja como en el piso superior, donde además se puede observar la cocina en funcionamiento.

El establecimiento, que cuenta con teléfono de contacto 910 56 78 40 y página web cuadrilla.es, mantiene un nivel de precios moderado, situándose en el escalón intermedio de la escala habitual de bares y restaurantes en Madrid. Su horario es bastante amplio, abriendo de martes a domingo con servicio de comida para llevar, aunque cierra los lunes. Los fines de semana extiende su horario hasta la madrugada, siendo especialmente recomendable reservar mesa para estas fechas debido a su alta demanda.

La carta y sus platos estrella

La propuesta gastronómica de Cuadrilla Montecarmelo merece un análisis detallado. La carta no es excesivamente extensa, algo que según varios comensales representa una ventaja ya que permite mantener un alto nivel de elaboración en cada plato. Entre las especialidades que han conquistado el paladar de los clientes destacan especialmente los cachopos, considerados por numerosos visitantes como auténticamente excepcionales. Se ofrecen diferentes variedades, desde el clásico de paleta ibérica y queso hasta el de cecina con queso La Peral, todos ellos caracterizados por generosas raciones que invitan a compartir.

Los brioches merecen mención aparte. Tanto el de ternera como el de gambón han recibido elogios generalizados, destacándose este último por su intenso sabor aunque algunos opinan que la salsa puede eclipsar ligeramente el producto principal. Las croquetas, disponibles en múltiples variedades como jamón, compango y cabrales, también forman parte de los favoritos de la clientela, siendo especialmente celebradas las elaboradas con compango. Las rabas de calamar de potera, los chipirones a la plancha, las patatas al cabrales y la ensaladilla rusa completan un repertorio de entrantes que satisface diversos gustos.

La carta incluye además opciones como pulpo, solomillo, tartar de atún rojo, pizza trufada, burrata, tequeños y various platos que combinan influencias de la cocina oriental y mexicana, demostrando una voluntad de innovación dentro del marco tradicionalista de la propuesta principal. Los postres, como la tarta de queso, tarta de limón, brownie, leche frita y cremoso de queso, también reciben valoraciones muy positivas.

Detalles que marcan la diferencia

Uno de los aspectos más valorados por los clientes es la generosidad del establecimiento en sus detalles iniciales. Al sentarse, se reciben unas patatas fritas caseras de corte fino acompañadas de vasitos de salmorejo o vichyssoise, dependiendo de la temporada. Algunos comensales también han destacado la cortesía de recibir agua del grifo sin necesidad de pedirla, algo que no es habitual en todos los locales de la zona, así como pequeños caldos calientes en días fríos. Estas atenciones previas a la comida contribuyen a crear una primera impresión favorable.

La carta de vinos es descrita como extensa y bien seleccionada por varios usuarios, con opciones de calidad disponibles también por copas, algo que no es común encontrar en todos los restaurantes de barrio. El establecimiento ofrece un Ribera propio que ha sido particularmente alabado por su buena relación calidad-precio. Además, es posible disfrutar de cañas en la barra o solicitar comida para llevar, aumentando las opciones para quienes prefieren consumir en otro lugar.

El espacio y el ambiente

El local se distribuye en dos plantas con sensaciones diferenciadas. La planta baja incluye zona de barra y resulta más animada, perfecta para quienes buscan un ambiente lively durante su visita. El piso superior ofrece una experiencia más tranquila, ideal para celebraciones o cenas más reposadas, y cuenta con la ventaja de poder observar la cocina en funcionamiento, algo que varios comensales han valorado positivamente. La terraza exterior, disponible cuando el clima lo permite, proporciona un espacio adicional muy agradable para cenar al aire libre.

La decoración combina elementos de hormigón visto con vegetación y madera, creando un contraste visual atractivo que ha sido bempedido por múltiples reseñas. La iluminación está bien conseguida, aunque algún cliente ha sugerido que la planta superior podría beneficiarse de mayor intensidad lumínica durante las horas nocturnas.

Puntos que generan opiniones divididas

A pesar de la valoración general positiva, existen algunos aspectos que han recibido críticas o que generan discrepancias entre los comensales. El nivel de ruido es uno de ellos: mientras algunos consideran que el ambiente lively es parte del encanto del local, otros lo han encontrado excesivo, especialmente cuando el restaurante está a plena capacidad durante los fines de semana.

La relación cantidad-precio ha sido objeto de debate. Varios clientes consideran que ciertas raciones son algo escasas para su coste, mencionando específicamente platos como la ensaladilla rusa o las gambas cristal. Otros, sin embargo, defienden que la calidad de los ingredientes justifica los precios y que las raciones son generosas, especialmente cuando se opta por compartirlas. La cuestikón del pan y el agua cobrados a precios que algunos han considerado elevados también aparece en algunas reseñas negativas.

El servicio, generalmente bien valorado por su amabilidad y atención, ha recibido críticas puntuales relacionadas con la velocidad de atención en momentos de alta ocupación. Varios comensales han reportado tiempos de espera prolongados entre platos o para recibir atención básica, aunque otros destacan la rapidez y profesionalismo del personal.

Aspectos logísticos a considerar

En cuanto a la accesibilidad, existe cierta controversia. Aunque el establecimiento se publicita como accesible para personas con movilidad reducida, algunas reseñas señalan que la planta principal tiene espacio limitado y que el acceso al piso superior requiere subir escaleras sin ascensor. Es recomendable contactar directamente con el local para confirmar las opciones disponibles según las necesidades específicas de cada cliente.

La zona de Montecarmelo ofrece facilidad de aparcamiento en los alrededores, algo que varios comensales han agradecido al no tener que preocuparse por el estacionamiento. La ubicación en la Avenida del Monasterio de Silos proporciona buen acceso desde distintas partes del norte de Madrid.

Recomendaciones finales

Para aprovechar al máximo la experiencia en Cuadrilla Montecarmelo, es altamente recomendable realizar reserva, especialmente si se planea visitar durante el fin de semana o en horarios de alta demanda. La opción de medias raciones en muchos platos permite probar mayor variedad de la carta sin que las cantidades resulten excesivas. Es un lugar especialmente adecuado para reuniones familiares, cenas con amigos o celebraciones de todo tipo, adaptándose bien tanto a ocasiones formales como a momentos más informales.

Los amantes de la cocina asturiana encontrarán en este bar restaurante una propuesta auténtica y bien ejecutada, mientras que quienes buscan explorar más allá de las especialidades tradicionales descubrirán opciones interesantes que combinan influencias diversas. El precio medio por persona suele situarse en torno a los 25-40 euros sin vino, aunque puede variar significativamente dependiendo de los platos elegidos y las bebidas consumidas.

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