La Trastienda Gastro-Taberna Zaragoza
AtrásLa Trastienda Gastro-Taberna Zaragoza se ha consolidado como una de las direcciones obligatorias para los amantes del tapeo y la cocina tradicional con personalidad en la capital aragonesa. Situado en la Calle de José María Lacarra de Miguel número 18, este pequeño local se presenta como una gastro-taberna donde la cocina casera y las elaboraciones cuidadas marcan la diferencia frente a la oferta de otros restaurantes y bares convencionales del centro de Zaragoza.
Este espacio, que responde a la creciente demanda de establecimientos diferenciados dentro del segmento de bares y restaurantes con identidad, funciona tanto para almuerzos rápidos como para cenas más detenidas. Abre sus puertas de lunes a sábado en horario partido —mañana y noche—, y cierra los domingos, por lo que conviene planificar la visita con antelación. El teléfono de contacto es el 976 05 54 59 y dispone de página web propia (latrastiendazaragoza.com), donde se pueden consultar detalles adicionales y revisar la carta actualizada.
Una de las características más repetidas por quienes ya han pasado por La Trastienda es la sensación de encontrarse en un local pequeño pero con mucho encanto. Apenas cuenta con una barra y unas pocas mesas, algo que genera una atmósfera acogedora, familiar y cercana, pero que también obliga a hacer reservas con antelación si no se quiere arriesgar uno a quedarse fuera. Quienes llegan sin cita previa, especialmente en fin de semana, suelen acabar en la barra o, directamente, dando media vuelta. La recomendación, por tanto, es clara: llamar primero o, mejor aún, gestionar la reserva con tiempo.
En lo que respecta a la oferta gastronómica, La Trastienda se aleja del concepto de cafeterías al uso para inclinarse hacia la cocina tradicional aragonesa reinterpretada con un punto creativo. La carta se divide en tapas y raciones, además de un menú del día entre semana que suele incluir bebida, pan y postre por un precio muy contenido, en torno a 10-11 euros. Esta fórmula lo convierte en una opción atractiva para quienes buscan una comida para llevar al formato casero, aunque también quieran sentarse a degustar el plato con calma.
Entre las elaboraciones que más se repiten en las recomendaciones de los clientes figuran el volcán de morcilla —una de sus tapas estrellas, servida generalmente sobre crema de pimientos—, la ensaladilla rusa con su particular presentación, el canelón de longaniza, las croquetas caseras (de carrilleras, de ajoarriero o de chipirones), la penca gratinada con boletus y gambas, y la famosa oreja frita, valorada como una de las mejores de la ciudad. Los huevos rotos sobre fondo marinero, los pimientos rellenos de bacalao, las carrilleras guisadas al vino tinto, las alcachofas con foie y la ensalada de burrata son otros de los fijos que conquistan a quienes prueban por primera vez.
Para los más hambrientos, las raciones de pulpo, el cachopo (con sus diferentes versiones, incluida la de sobrasada y pimientos verdes que se ofrece fuera de carta) y el solomillo al curry figuran entre las opciones más destacadas. El menú del día, accesible y bien ejecutado, suele incorporar propuestas variadas: desde pimientos rellenos de merluza hasta pastel de verduras, pasando por arroces, guisos y cremas reconfortantes. Los postres, por su parte, también merecen capítulo aparte: la tarta de queso casera al estilo cheesecake es ya un clásico de la taberna, junto al bizcocho de zanahoria, la tarta de chocolate y las trufas caseras.
Uno de los grandes valores diferenciales de La Trastienda es su apuesta por adaptar la carta a personas con intolerancias alimentarias. Buena parte de la oferta está disponible sin lactosa, y muchos clientes con sensibilidad a los frutos secos o al gluten destacan que pueden comer con total tranquilidad. De hecho, casi la totalidad de la carta es apta para celíacos, pan incluido, lo que convierte a este local en una rareza dentro del segmento de restaurantes y bares zaragozanos. Esta atención a la salud digestiva, sumada a la calidad de la materia prima, hace que muchos clientes repitan por sentirse bien después de comer, algo que no siempre ocurre en otros establecimientos.
El servicio es, precisamente, otra de las piezas clave del éxito de La Trastienda. Jorge, el dueño, es citado por su nombre en decenas de reseñas como el alma del local: atento, cercano, conocedor del producto y capaz de recomendar con criterio qué plato elegir o qué vino maridar mejor. Junto a él, camareros como David o Alejandro completan un equipo que consigue que el cliente se sienta como en casa. Esa hospitalidad explica en buena parte la fidelidad de una clientela que, tras una primera visita, suele convertirse en habitual.
En cuanto a la relación calidad-precio, las opiniones son mayoritariamente positivas. Las tapas tienen precios ajustados para la calidad ofrecida, y se pueden degustar varias sin que la cuenta se dispare. Las raciones, algo más cuantiosas en precio, están bien dimensionadas para compartir. La carta de vinos es corta pero acertada, con referencias de la tierra y otras elaboraciones nacionales; las cervezas, bien tiradas, suelen ser uno de los puntos fuertes para quienes optan por un tapeo más informal. El ticket medio, según los testimonios, ronda los 20-25 euros por persona para una comida completa con tapas y bebida.
No todo son luces, lógicamente. Entre los aspectos mejorables que han señalado algunos comensales se encuentra el tamaño limitado del local, que en horas puntas puede generar algo de ruido y sensación de agobio. La espera entre plato y plato, sobre todo cuando se ocupa todo el aforo, también se ha mencionado en algunas ocasiones. En lo que respecta a la cocina, un pequeño porcentaje de visitantes ha percibido un exceso de aceite en ciertas elaboraciones o un sabor menos contundente en platos como el cachopo, aunque estos comentarios son minoritarios frente al volumen de experiencias muy positivas. Algún comentario aislado sobre la atención en momentos puntuales o sobre el cierre de ciertas elaboraciones históricas (como la leche frita) también ha aparecido, pero no empaña la valoración global.
Otro aspecto a tener en cuenta es que el local no dispone de servicio de comida para llevar a domicilio, por lo que no es una opción válida para quien busque pedidos online. Sí permite recoger comida para consumir fuera, lo que resulta útil para quienes viven en el barrio y prefieren disfrutar de sus raciones en casa. Para grupos numerosos, la recomendación es llamar con suficiente antelación, ya que el espacio no admite fácilmente mesas de más de cuatro o cinco personas.
El entorno en el que se ubica La Trastienda es otro de sus atractivos. La calle José María Lacarra de Miguel, en la zona de Romareda, es una vía tranquila y bien comunicada, ideal para una escapada culinaria sin las complicaciones del centro más turístico. Cerca del local se encuentran otros bares y restaurantes, lo que permite combinar la visita con una ruta de tapeo más amplia si se va con tiempo y ganas.
En definitiva, La Trastienda Gastro-Taberna Zaragoza representa una opción sólida para quienes valoran la cocina casera, el servicio cercano y un producto bien trabajado. Es un lugar para quienes saben apreciar la diferencia entre un bar de tapas estándar y un espacio donde cada plato se elabora con mimo. Si se busca una experiencia gastronómica en Zaragoza que combine tradición y creatividad, con personal atento y la posibilidad de adaptarse a diferentes necesidades alimentarias, este local merece una visita. Eso sí, mejor con reserva: una vez que se conoce, la tentación de repetir es casi inevitable.