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Restaurante El Olivo – Palacio de La Oliva

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Rúa Oliva, 2, 36202 Vigo, Pontevedra, España
Bar Restaurante
8.4 (4906 reseñas)

El Restaurante El Olivo forma parte del ambicioso proyecto del Palacio de La Oliva, un pazo del siglo XVII rehabilitado en pleno Casco Vello de Vigo que combina historia, gastronomía y ocio nocturno bajo un mismo techo. La piedra rústica del exterior contrasta con un interior cuidado al detalle, distribuido en varias plantas con capacidad para cerca de mil personas, donde conviven distintos ambientes: el restaurante gastronómico en la entreplanta, el Templario Lounge Bar en la planta baja con su terraza y una zona inferior con música y pista de baile. Quien se acerque a la Rúa Oliva, 2 puede, por tanto, empezar con una cena tranquila, bajar a tomar unas copas y terminar la noche en la zona de baile sin cambiar de edificio.

Uno de los grandes atractivos de este restaurante es su cocina abierta, visible desde el comedor, donde trabaja un equipo joven coordinado por el chef Pepe Solla, estrella Michelin reconocida a nivel nacional. La propuesta se basa en producto local, fresco y de temporada, con un menú degustación que cambia con frecuencia y donde los entrantes son sorpresa: el cliente elige únicamente si el plato principal será carne o pescado, y el equipo se adapta a alergias, intolerancias y preferencias personales. Entre las elaboraciones que más se repiten en las mesas están las vieiras a la brasa, las cigalas, los canelones de cigala, la lubina a la brasa, la chuleta de vaca madurada con guarniciones caseras o el steak tartar, además de postres como la tarta de queso al horno o una versión de tiramisú con Baileys.

El formato de menú cerrado, con tres entrantes y un principal a un precio que ronda los 59 euros, es la opción más demandada por quienes buscan una experiencia completa y despreocuparse de la elección. Para los que prefieran mayor libertad, existe también una carta con platos sueltos y opciones fuera de carta que el propio personal va explicando en mesa, ya que es habitual que algún miembro del equipo de cocina salga a presentar y describir cada elaboración. Este toque didáctico, unido a una sala moderna y luminosa con líneas minimalistas, hace que la experiencia se sienta cercana pese al nivel gastronómico.

El servicio es, según la mayoría de comensales, uno de los puntos fuertes del local. Figuras como Eva, jefa de sala, o sommeliers como Rubén aparecen una y otra vez en los comentarios destacando por su trato cercano, su atención al detalle y su capacidad para recomendar tanto platos como vinos. La carta de vinos es amplia, con referencias gallegas y nacionales, y quienes lo deseen pueden dejarse guiar por las recomendaciones del personal. En días de gran demanda, eso sí, el ritmo puede acelerarse y algunas visitas mencionan esperas largas o confusiones con las comandas, algo a tener en cuenta si se va con prisa.

En cuanto al entorno físico, el restaurante está pensado para ofrecer una experiencia sensorial completa: cubertería de aleación plateada, copas de cristal hechas a mano, vajilla cuidada y una iluminación cálida que invita a quedarse. El comedor, con forma rectangular, dispone de dos filas de mesas y carece de manteles de tela, una decisión estética que no convence a todos los clientes. Quienes busquen más intimidad pueden reservar la Mesa del Chef, una sala privada anexa a la cocina donde se disfruta de un menú cerrado ejecutado en directo, una opción muy solicitada para celebraciones especiales y cenas de empresa.

Uno de los aspectos prácticos más valorados es el aparcamiento propio y gratuito para los comensales del restaurante, algo poco habitual en pleno centro de Vigo. El acceso se gestiona por lectura de matrícula y, según advierte el propio personal, es imprescindible confirmar la reserva con antelación para recibir las indicaciones correctas y evitar esperas. Una vez dentro, el personal se encarga incluso de trasladar los abrigos desde el restaurante hasta la recepción, un detalle que no pasa desapercibido.

El horario del restaurante se concentra en dos pases: comida de 13:00 a 17:00 horas y cena de 21:00 a 01:00 horas, de martes a sábado, permaneciendo cerrado los lunes y domingos. El resto del edificio funciona en horarios más amplios, con el Templario Lounge Bar abriendo sus puertas por las tardes y la zona inferior animándose hasta bien entrada la madrugada, especialmente jueves, viernes y sábado. En esas noches se aplica una consumición mínima y, según la normativa, se permite fumar en la terraza exterior, algo que puede molestar a quienes cenan en zonas próximas.

En lo que respecta a la relación calidad-precio, las opiniones están divididas. Hay clientes que consideran que la experiencia justifica cada euro pagado por la calidad del producto, la presentación y el servicio, mientras que otros echan en falta raciones más generosas, especialmente en la carta de tapas y raciones del bar. El agua embotellada, el pan o el café tienen precios elevados, y las copas en la zona de ocio pueden alcanzar los 10-14 euros, cifras habituales en locales premium pero que conviene tener presentes antes de la visita.

Para familias con niños, el equipo se adapta recomendando platos más suaves, algo que muchos padres agradecen. Para personas con movilidad reducida, el acceso está habilitado en la entrada principal, aunque conviene recordar que el edificio histórico cuenta con varias plantas y escaleras, por lo que algunos espacios pueden no ser totalmente accesibles. Quienes vayan en grupo grande o a un evento privado disponen de salas específicas y de un equipo de coordinación que se encarga desde la reserva hasta el desarrollo del menú.

Más allá del restaurante en sí, el Palacio de La Oliva funciona también como escenario de eventos corporativos, presentaciones y celebraciones privadas, con catering propio y terrazas habilitadas. Esta polivalencia, sumada a la calidad del restaurante, ha convertido al complejo en uno de los espacios de restaurantes y bares más completos del centro de Vigo. Aunque no ofrece comida para llevar, dada su filosofía de experiencia presencial, su propuesta gastronómica se complementa con sesiones de cócteles, catas y propuestas especiales como cocidos temáticos que se anuncian en su web y redes.

En definitiva, el Restaurante El Olivo es una opción sólida para quien busque algo más que una simple comida: un edificio histórico, una cocina gallega contemporánea firmada por un chef con nombre propio, un servicio profesional y la posibilidad de prolongar la velada sin moverse del lugar. Como en cualquier cafetería o restaurante de alta gama, conviene reservar con antelación, consultar la carta actualizada y tener claras las expectativas de precio para disfrutar plenamente de la experiencia.

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