Restaurante Keki
AtrásA pocos pasos de la Catedral de Murcia, en la calle Fuensanta número 4, se esconde uno de esos restaurantes que han sabido ganarse un hueco fijo en la memoria gastronómica local: Keki. Este espacio, dirigido por el chef Sergio Martínez, combina la cocina mediterránea con guiños asiáticos en una propuesta que se aleja del típico menú de tapeo murciano sin renunciar a la materia prima regional. Es, a la vez, un referente para quienes buscan comida para llevar con un punto más elaborado y un sitio al que volver a sentarse con calma para probar platos nuevos con cada visita.
El local cuenta con un salón interior y una terraza que da a un callejón con encanto, junto a la seo murciana. Por fuera, la fachada es discreta, casi sin señales exteriores, lo que sorprende a quien entra por primera vez. Adentro, la decoración es sencilla y moderna, con mesas bien dispuestas aunque, en horas punta, la cercanía entre las mismas puede hacer que la conversación se descontrole un poco. Aun así, el ambiente suele percibirse como agradable y recogido, especialmente en las comidas de mediodía entre semana.
Uno de los grandes aciertos de Keki es su menú del día, en torno a los 18 euros sin bebida, que permite probar varios platos de la carta a un precio muy competitivo. Para quienes prefieren elegir, la carta cambia con frecuencia según la temporada y el producto disponible, con opciones para compartir, medias raciones y comida para llevar en algunos casos. Entre las creaciones que se han convertido en imprescindibles están las croquetas —de jamón, de gamba o, según temporada, de setas con queso azul—, el canelón de pato y mostaza suave, el brioche de rabo de ternera con cebolla encurtida y ajo negro, el tataki de atún con yogur y wasabi, la pluma ibérica a la parrilla con verduras y la carrillera de cerdo glaseada. Para terminar, la torrija —generalmente de brioche, con helado o crema de caramelo— se ha ganado el estatus de postre icónico del local, junto a la tarta de queso murciano, muy aplaudida por los comensales.
La atención en sala es, según la mayoría de quienes han pasado por allí, uno de sus puntos fuertes. María José, la jefa de sala, aparece mencionada una y otra vez en las reseñas por su trato cercano, su capacidad para asesorar al cliente y su manejo del comedor, incluso en jornadas llenas. El equipo de camareros y camareras suele transmitir una imagen profesional, atenta y resolutiva, algo que se agradece especialmente cuando se trata de adaptar platos para celíacos, veganos o personas con alergias. La cocina, además, elabora todo en el propio restaurante, sin recurrir a productos precocinados, y ofrece alternativas sin gluten bastante trabajadas, aunque la selección sea algo más reducida que la carta general.
Entre los puntos a favor, además de la calidad de la materia prima y la creatividad del chef, destacan la relación calidad-precio —sobre todo en el menú degustación y el menú del día—, la posibilidad de elegir entre ración completa y media ración para probar más cosas, la bodega con un buen surtido de vinos murcianos y la identificación con la Guía Michelin y la Guía Repsol, que recomiendan el establecimiento desde hace años. La cafetería o zona de sobremesa tras la comida es un buen colofón para una tertulia larga, y la atención a los detalles, como el cuidado de la temperatura del local, la textura de las elaboraciones y la presentación de los platos, está por encima de la media de otros restaurantes de la zona.
No todo es perfecto, y conviene tenerlo en cuenta antes de reservar. Algunos clientes han comentado que las raciones son algo justas en relación con el precio, especialmente en carnes como la pluma, y que el canelón de pato, aunque es un clásico, no siempre convence: hay quien lo encuentra con exceso de salsa o sin la intensidad esperada. En días de máxima afluencia, el servicio puede ralentizarse y los tiempos entre plato y plato se dilatan, sobre todo si se pide un menú degustación largo. El espacio, además, se llena con facilidad y el ambiente se vuelve ruidoso, por lo que las conversaciones íntimas pueden quedarse en segundo plano. También se han registrado experiencias puntuales con camareros poco avezados, errores en comandas y cierta lentitud a la hora de servir las bebidas, especialmente en cenas de grupo. La fachada del callejón, por la que se accede a la terraza, no es especialmente cuidada y en algunas ocasiones se perciben olores de la zona que no invitan a quedarse en el exterior.
Otro aspecto a considerar es la política de cobros de algunos extras: hay comensales que han visto cómo se les facturaba el pan, un aperitivo de cortesía o un chupito final que esperaban gratuitos, algo que ha generado cierta controversia. La oferta sin gluten, aunque correcta, se limita a una decena de platos y no incluye menú degustación, lo que puede dejar con margen limitado a personas con celiaquía. Por último, conviene recordar que cierra lunes y martes, por lo que conviene comprobar el horario antes de acercarse sin aviso.
En la práctica, Keki funciona especialmente bien para una comida o cena especial, para una celebración de grupo en la que apetezca compartir varios platos, o para una visita tranquila yendo al menú del día entre semana. Para cenas familiares con niños, hay cierto margen, aunque el ritmo del local y la orientación más adulta de la cocina invitan más a un público adulto. La reserva es muy recomendable, sobre todo los fines de semana y en fechas señaladas, ya que el comedor se llena con rapidez. El teléfono de contacto es el 614 25 59 21 y la web oficial kekí.es permite consultar la carta actualizada y los horarios.
En definitiva, Keki es uno de esos restaurantes en Murcia capital que justifican el desvío: cocina honesta, bien ejecutada, con personalidad propia y un equipo en sala que multiplica el valor de la experiencia. Quien busque un sitio diferente para celebrar, probar producto local reinterpretado o simplemente disfrutar de un buen plato en el centro histórico, tiene aquí una apuesta segura. Quien prefiera raciones abundantes, busque amplitud de horario o un ambiente totalmente silencioso, deberá ajustar sus expectativas.