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Restaurante Gente Rara

Restaurante Gente Rara

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C/ de Santiago Lapuente, 10, 50014 Zaragoza, España
Restaurante Restaurante de alta cocina
9.2 (2694 reseñas)

El Restaurante Gente Rara ocupa un antiguo taller mecánico en el número 10 de la Calle de Santiago Lapuente, en Zaragoza, reconvertido en un espacio gastronómico singular donde la cocina de producto aragonesa se reinterpreta bajo una óptica vanguardista. Este restaurante con estrella Michelin propone una experiencia que trasciende la simple cena, organizando el recorrido en tres estancias diferenciadas que conducen al comensal desde una zona de sofá con aperitivos, pasando por una sala con luz ultravioleta donde se narra una historia ligada al entorno, hasta la sala principal con cocina abierta donde se desarrolla el grueso del menú.

El chef Cristian Palacio, junto con su pareja Sofía al frente de sala, capitanea una cocina honesta que apuesta por la proximidad, la temporalidad y el respeto al producto. La oferta se articula en torno a varios menús degustación cerrados, entre los que destaca el menú Lunático, que puede alcanzar los 22 pases, y el menú Chalado, más breve pero igualmente exigente. Los precios de partida rondan los 80-110 euros por persona, situándose en una horquilla razonable para el nivel de cocina que se ofrece, especialmente si se compara con otros establecimientos de la misma categoría. El ticket medio con maridaje y botella de vino suele situarse entre 123 y 145 euros.

La filosofía culinaria se apoya en ingredientes aragoneses como la trucha, el ternasco, el ciervo, el foie micuit, el tartar de pichón con anchoa, las alubias con chorizo, el bacalao con castañuelas o la liebre al chocolate, entre otros. El cocinero también se atreve con técnicas de casquería y maduración más arriesgadas, como criadillas, hígado, tendones o sesos, algo que puede ser un punto de fricción para paladares menos avezados. Precisamente la intensidad de ciertos pases y la contundencia de sabores en algunos platos aparece como la principal crítica entre quienes han tenido una experiencia menos satisfactoria, junto con las raciones, que en algunas elaboraciones resultan especialmente contenidas.

Uno de los momentos más recordados de la visita es el carro de quesos, que se acerca a la mesa para que el cliente elija al gusto. Es un sello de identidad que sigue plenamente vigente y que, además, está incluido en el precio del menú, algo poco frecuente en restaurantes de esta categoría. Los postres, por su parte, suelen alternar entre aciertos memorables como el helado de aceituna negra de Aragón con chocolate y aceite de oliva, y otros más convencionales que pueden quedar en un segundo plano.

La bodega merece capítulo aparte. Dirigida por el sumiller Félix Artigas, ofrece una selección cuidada con referencias de Borgoña, Rioja y otras regiones, con una relación calidad-precio que muchos comensales califican de notable dentro del universo Michelin. Dejar-se guiar por él se considera prácticamente obligatorio para extraer el máximo partido a la experiencia líquida. Ahora bien, conviene saber que las botellas más accesibles pueden superar los 40 euros, y que algunos clientes han percibido ciertos incrementos puntuales en el precio de las copas o combinados, por lo que conviene revisar la cuenta con detenimiento.

El servicio de sala destaca por su juventud, su formación y su conocimiento del producto. Cristian suele acercarse a las mesas al finalizar el menú, lo que aporta un punto de cercanía muy valorado. Sin embargo, en jornadas de alta demanda se han detectado pequeños desajustes: personal con menor rodaje que puede resultar algo frío o que no acompaña con la misma soltura la explicación de cada pase, así como ciertos desajustes entre el ritmo del maridaje y el de los platos. También se han señalado incomodidades puntuales en el aforo, como mesas dispuestas para más comensales de los que ocupan o sillas altas sin respaldo en la zona de barra que resultan fatigables durante un recorrido que puede prolongarse más de tres horas.

Otro aspecto a considerar antes de reservar es la logística del propio restaurante. La alta demanda obliga a planificar la visita con varios meses de antelación, y los menús cambian por temporada, por lo que lo que hoy se Degustación mañana puede no estar disponible. El horario es limitado: abre de martes a jueves en horario de comida de 13:30 a 18:00, y los viernes y sábados también en horario de cena de 20:30 a 24:00, permaneciendo cerrado domingos y lunes. Es imprescindible reservar a través de su página web, genterara.es, o por teléfono en el 623 00 20 84.

El local, al ser una nave industrial reformada, presenta una estética contemporánea y funcional, con una vajilla exclusiva diseñada para cada plato que forma parte del relato. La iluminación, la música ambiente y los pequeños detalles cuidados al milímetro contribuyen a una atmósfera envolvente. La cocina abierta permite además observar la coreografía del equipo, lo que añade un plus de transparencia al proceso creativo.

Entre los puntos fuertes que diferencian a este restaurante de otras opciones en Zaragoza destacan: el trabajo con producto local aragonés, la coherencia del relato gastronómico en sus tres salas, la profesionalidad del sumiller, la integración de los quesos en el menú y un nivel técnico que justifica plenamente su reconocimiento Michelin. Como contrapunto, conviene llegar con la mente abierta a ingredientes poco convencionales, tener paciencia para conseguir mesa y asumir que no todos los pases van a funcionar igual para todos los comensales.

En definitiva, Restaurante Gente Rara es una opción imprescindible para los amantes de la alta cocina que busquen una experiencia completa en Zaragoza, y una dirección a tener en cuenta si se busca algo más que una simple comida para llevar o una velada informal en uno de los muchos bares y cafeterías de la ciudad. Para quienes prefieran alternativas más desenfadadas, el entorno ofrece una nutrida red de establecimientos de tapeo y cafeterías, pero esta casa exige otra predisposición: la de entregarse a un menú largo, dejarse llevar por las explicaciones del equipo y entender que se está pagando por un espectáculo gastronómico tanto como por los platos en sí.

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